Extraordinario documental argentino reventando minuciosamente todas y cada una de las costuras de la falsísima versión oficial del inexistente nuevo coronavirus. En ese sentido, el descarnado poder de la autoridad para infundir miedo jamás ha sido tan real, más arbitrario y feroz que nunca. Más que miedo, truculento pánico. Tan amenazante y tan coercible.

Mass mierda, peores que la bomba atómica

Y, clave, con la inmensísima mayoría de los mass mierda del Mainstream como pérfida y repugnante avanzadilla, cuasi militar. La manipulación mediática, indudablemente, hace más daño que la bomba atómica, o la de hidrógeno, porque devasta los cerebros. Los corroe, literal y metafóricamente. Las opciones que plantea el sistema–mundo son obediencia o muerte. Pero, aunque les joda, vamos a seguir viviendo. Y libres y alegres y mortales. Y, siempre, contra ellos.

Coronapollas, absurdo y criminal

Las ideas básicas -y sus respectivos corolarios- que caracterizan una época puntean la manera como el mundo entero se configura ante el hombre y su circunstancia. En el presente documental todo ello queda regiamente reflejado. Preñado de sólidos y abundantísimos datos que dinamitan el coronatruño, viéndolo poseemos la rocosa certidumbre de que el hecho de que una opinión se haya aceptado tan ampliamente, no es evidencia alguna de que no sea completamente absurda. Y el congojavirus o coronatimo o coronapollas lo es. Absurdo y criminal.

Recuperar la cordura

Y que nos queda largo combate. Al fin y a la postre, los seres humanos piensan en rebaños y se vuelven zumbados perdidos en tales piaras, mientras que sólo van recobrando sus sentidos perezosamente, y uno a uno. Machadianamente, de diez cabezas, nueve embisten y una piensa. Intentemos recuperar para la cordura a nueve compatriotas. O a nueve humanos sin más. En fin.