“Ruin arquitecto es la soberbia; los cimientos pone en lo alto y las tejas en los cimientos” Francisco de Quevedo y Villegas, dramaturgo español.

Gobierna un gobierno de “progreso” presidido por Pedro Sánchez, no hay porque preocuparse. Es un gobierno que ha prometido bienestar, “progreso”. Igualdad y riqueza bajo la palabra de su presidente, el cual, ensoberbecido, se mira su ombligo beatíficamente y está en la creencia de que, siendo él el presidente España y los españoles marcharán hacia adelante imparables porque el solo hecho de que él gobierne garantiza todos los bienes sin mezcla de mal alguno. Los españoles, dormitando sobre el lecho de la confianza, se dejan llevar por la soberbia de su presidente y de los ministros de este. Nos esperan años de riqueza y bienestar, eso lo garantiza Pedro Sánchez con su gobierno “progresista”.

En abril de 1912 el Titanic hace su viaje inaugural. Este transatlántico era el icono, la estampa, la bandera, el estandarte de la riqueza, el progreso y el poder de Europa en el mundo, pero también de su soberbia. Era creencia general que el Titanic, al igual que Europa, era insumergible. Sus 2.227 personas de todas las clases sociales dormitaban plácidamente en sus camarotes confiadas totalmente, como confiados dormitamos los españoles creyendo en este gobierno de “progreso”. ¿Qué importaba a los pasajeros del Titanic que los botes salvavidas alcanzaran tan solo para la mitad de los pasajeros? ¡El Titanic era insumergible! ¿Qué importaba a Europa que se recibieran señales inequívocas de la catástrofe que se avecinaba? – la primera guerra mundial, dos años más tarde - ¡Europa era el mascaron de proa del progreso! y los europeos lo celebraban con las burbujas de champan de la Belle Époque. Cuando la soberbia se une a la necedad y la estupidez, hace ciegos a los hombres. Los gobernantes europeos y los responsables del Titanic estaban ciegos de soberbia, ignorancia y estupidez. ¿Y la sociedad? La sociedad bailaba el foxtrot con una copa de champan en la mano.

Adormilados, anestesiados por el soma de futuro de progreso, paz, bienestar y felicidad que nos ofrecen Pedro y Pablo, los españoles, confiados en sus promesas dormimos la siesta, tomamos cervecitas, vemos fútbol sin la más mínima preocupación por el futuro. ¿Qué importa a los españoles un déficit descomunal? ¿Qué importa un crecimiento del paro? ¿Qué importa una deuda impagable? ¿Qué importan unos empleos míseros y unos sueldos aún más míseros? ¡España está gobernada por un gobierno de progreso al frente del cual están Pedro y Pablo que nos han prometido hacer de España un paraíso! España, al igual que el Titanic, tiene al timón a unos capitanes a los que España les importa un bledo. Pedro y Pablo, ambiciosos de poder bárbaro, son al mismo tiempo soberbios y como los capitanes del Titanic, engreídos y cegados por la mezcla letal de soberbia, ignorancia, estupidez y falta absoluta de escrúpulos; una mezcla que llevó al Titanic al fondo del océano y que va a llevar a España al fondo del abismo. ¿Y la sociedad? La sociedad baila al son del IMV, de los subsidios, de las falsas promesas, de la manipulación, de la mentira y de la estupidez.

Y cuando más ufano estaba el Titanic y más confiada Europa, un pedazo de hielo y un asesinato real dejaron al descubierto todas sus miserias. Primero el cubilete de hielo hundió al barco insumergible y el asesinato real estúpido sumió a Europa y al mundo en una guerra mundial. El Titanic se hundió irremisiblemente arrastrando con él a los tripulantes de toda clase social y económica, así como la guerra destruyó Europa y con ella a millones de hombres, mujeres y niños de toda clase y condición. Y cuando más confiados estaban los políticos que gobiernan en España con ese gobierno hecho a trozos y pegado con cinta adhesiva, Pedro Sánchez luciendo su palmito y su sonrisa de péndulo, esparciendo por toda España su olor a cosmético caro y los ciudadanos adormilados tras tomar el soma que todos los días le suministra este gobierno a través de sus medios de comunicación, un virus invisible nos coloniza dejando al aire las vergüenzas de este gobierno y la estupidez de los ciudadanos que confían en él.

Al Titanic, y con él a hombres, mujeres y niños de toda condición, desde los que dormían en camarotes de lujo hasta los que lo hacían en cubierta, un trozo de hielo que nadie previó lo hundió en las oscuras aguas del océano. A España, y con ella a hombres, mujeres y niños de toda clase y condición, un virus invisible en el que este gobierno no creía y los ciudadanos tampoco, la está hundiendo en la miseria, con una perspectiva muy negra para los próximos meses, más negra aún con un gobierno que prioriza su permanencia en el poder a aplicar las medidas necesarias por duras e impopulares que sean para detener esta pandemia. Si en las próximas semanas, este gobierno de pesadilla y los de las comunidades no olvidan la política y se dedican a trabajar para erradicar al virus, España, y con ella los ciudadanos de toda clase y condición, caeremos en la profunda sima de un negro pozo del que nos va a costar salir sangre, sudor y lágrimas.

NOTA. Del hundimiento del Titanic quedan restos en el fondo del océano, del hundimiento de España, puede que no quede nada.