Afirmaba en mi último artículo, “subversión 1”, que la situación presente en Cataluña era el resultado de un proceso subversivo tan claro y diáfano como el agua y que la única solución para solucionarlo era, y es, asumirlo como tal, aplicando al efecto las técnicas bien conocidas de la contrasubversión. Y afirmaba igualmente que el proceso citado se encuentra claramente en una fase preinsurreccional en la que nos encontramos con acciones, especialmente en el medio urbano, para aumentar la desafección con España, con alteraciones del orden público y con toda clase de llamadas a la desobediencia. Me temo que estamos a un paso de acciones de terrorismo selectivo y limitado si no se ataja este proceso ya.

Reitero que la acción contrasubversiva ha brillado prácticamente por su ausencia desde hace mucho tiempo – inexplicablemente – , empezando por la carencia de una acción decidida por parte de este Gobierno, y del anterior, dirigida a la mayoría de la población oponiendo, por ejemplo, a las continuadas mentiras que desde la Generalitat se difundían sobre España, una idea-fuerza que la contrarrestara. La iniciativa ha estado siempre , y sigue, de la mano de la subversión y es obvio que todas las medidas adoptadas han ido a remolque de lo que ha dictado esta.

Fundamental en todas estas acciones van a ser, y son, las fuerzas de seguridad, especialmente la policía autonómica catalana, hoy en gran medida al servicio de la subversión, a las que urge poner bajo mando del Gobierno central desde ya. Sabemos que en su función legal de policía judicial reciben órdenes de la Fiscalía, pero si analizan la respuesta que desde la propia jefatura de los “mossos de esquadra” se ha dado casi siempre a lo ordenado, se despiertan grandes dudas de su lealtad a la Ley. Así, un alto mando de los Mossos dijo antes del falso reférendum del pasado día 1 de octubre de 2017 que “estamos obligados a cumplir las leyes y las órdenes de los tribunales. Las leyes son interpretables por los jueces, pero si nos dan una orden judicial clara, la cumpliremos sin problema”, claro que a continuación añade que cumplirán las órdenes aplicando los principios de la oportunidad, la congruencia y la proporcionalidad ”, añadiendo que “si vamos a retirar unas urnas y hay una aglomeración de 1.000 personas, por ejemplo, pues es peligroso. Ahí puede haber un tumulto, por lo que has de ser cauto y posponer el requisamiento, por ejemplo. En ese momento, se impone la racionalidad, porque puedes provocar un conflicto mucho mayor que el que existe. Por tanto, no es que no se cumplan las órdenes: es que se ha de actuar con inteligencia en todo momento”.

Aquello fue un claro mensaje a la subversión: hagan tumulto y no procederemos. Y así pasó lo que pasó. Si el Gobierno, el Sr Rajoy, en concreto, hubiera querido mantener el estado de derecho, hubiera retirado el control de esta policía de los dirigentes subversivos, y los hubiera puesto directamente a las órdenes del Ministerio del Interior, la situación habida hubiera sido muy diferente. La vía más adecuada hubiera sido, a mi parecer, la entrada en vigor de la Ley de Seguridad Nacional ya que de lo contrario era previsible que se produjeran disfunciones claras con la PN y con la GC, como de hecho sucedió. 

Ahora, un año después de aquellos hechos parece que no hemos aprendido nada y estamos igual o peor. 

Es de libro que la subversión se debe atajar siempre desde el principio, más no se hizo, y no se hace, y nos podemos encontrar con un supuesto peligrosísimo al que hay que hacer frente, sí, con proporcionalidad pero con absoluta y decidida firmeza. Es necesario explicar claramente a los mandos policiales autonómicos a lo que se enfrentan, en el hipotético caso de desobediencia y rebeldía ante la Ley; entre otros que el Estado tiene medios para disolverlos por la fuerza en cinco minutos, no más. Esperemos que nunca se llegue a esa indeseable situación pero es necesario que lo sepan claro.

La para mí clarísima incompetencia con la que se ha gestionado esta crisis desde el principio, es la que nos ha llevado a donde estamos.

Difícil tarea ante la que nos encontramos en la que la subversión campa a sus anchas animada por las sandeces que oímos decir respecto a que es necesario dar más autogobierno a Cataluña y a los podemitas/comunistas felices del caos que preven para navegar en él como les gustaría.

En estos momentos ya dudo que sea incompetencia por parte del Gobierno sino abierta complicidad con los sediciosos lo que nos lleva a una situación cuasi de necesidad extrema.