Todos siguiendo la corriente como las sardinas en cardumen. Todos compitiendo por ser los más guais, políticamente correctos y aceptados por los que postulan lo que se tiene que pensar, hacer, votar, ver y decir, para no quedar fuera de la zona de confort del nuevo mundo sin fronteras. Si con ello se consiguen más “me gusta”, seguidores o aduladores ajustados al discurso oficial de las cadenas “newtrales y malditas”, mejor.

Si además usan una pegadiza canción, tema oficial de la serie Netflix de moda para combatir valientemente, primero al sistema, luego al fascismo y ahora al virus ultraderechista, ya entonces es la pera limonera. El encaje social es absolutamente comprometido, chachi y confortable.

El diario decano de la prensa monárquica y conservadora española por tradición publicó un artículo titulado: “Bella Ciao, la canción de “La casa de papel”, contra el Covid-19. Dos hermanos, un policía nacional y un violinista, unen sus instrumentos, desde la distancia, para enviar un mensaje de resistencia”. En el mismo se comenta que “(…) junto al “Resistiré” del Dúo Dinámico, se ha convertido en el himno de la lucha contra el coronavirus” y que sirve “(…) para enviar un mensaje de optimismo en estos días convulsos”.

Como vemos, no existe nada más eficaz y oportuno que el Bella Ciao para una salida antifascista a la pandemia como proponen desde el consejo de ministros y ministras de España. Las decenas de miles de fallecidos y sus familias encantados por formar parte de la resistencia progresista y antiviral.

El Bella Ciao, con su música pegadiza y su letra combativa, símbolo de la “heroica lucha partisana contra el nazifascismo” en la Italia ocupada y en ruinas del final de la Segunda Guerra Mundial, ha sido y es una canción partidista, altamente ideologizada y que jamás apeló a la unidad de los italianos en ningún momento.

La llamada resistencia antifascista durante esos tiempos nunca fue un bloque homogéneo contra el invasor o los restos agónicos del fascismo. Tuvo todos los componentes de una cruel guerra civil entre italianos en medio del desastre de una guerra ya perdida, como así lo documentó el trabajo del recientemente fallecido historiador italiano Gianpaolo Pansa en su clásica y magistral obra “Il sangue dei vinti” y en “Bella Ciao. Controstoria della resistenza”.

El nivel de masacres, violencia, crímenes, violaciones, venganzas y crueldad empleado por los antifascistas ha sido inaudito. Los partisanos, muchos de los cuales poco tiempo antes habían jurado lealtad al Duce levantado el brazo en alto hasta dejarlo rígido, ahora habían cambiado de brazo cerrando el puño. La saña contra sus propios compatriotas ha estado a la altura de los más terribles genocidios históricos conocidos. Italia sufrió en carne propia los horrores de una Guerra Civil dentro de una Guerra Mundial.

Los partisanos comunistas, brutales y fanáticos, incluso se encargaron de eliminar a aquellos luchadores antifascistas que se negaban a llevar la estrella roja como emblema. También en España nos suena esta historia. Los comunistas, con el paso del tiempo y los complejos de los no marxistas, se apoderaron por la fuerza de la memoria de esa resistencia transformándola en un mito. El Bella Ciao simboliza todo esto.

Bella Ciao fue una canción utilizada solo por un sector de las guerrillas, no por la entendida como democrática de inspiración liberal o católica, sino por la comunista. Incluso, el uso de la canción hasta el día de hoy está en cuestionamiento, ya que algunos viejos resistentes dijeron que jamás la habían oído durante ese período. Lo que sí está comprobado es su utilización como un himno del llamado antifascismo comunista convirtiéndose en una canción totalmente sectaria.

Con respecto a su origen su autor es desconocido, pero se cree que tal vez ha sido adaptada de una melodía yiddish registrada en Nueva York en 1919 por un músico de origen ucraniano. Lo que sí sabemos con certeza es que ha sido difundida por los comunistas italianos en los encuentros internacionales de juventudes durante los años de la guerra fría y que a partir de entonces fue ampliamente difundida y traducida. Como no podía ser de otra manera, a partir de finales de los convulsos años 60 del siglo XX se estandarizó definitivamente en los sectores de la extrema izquierda.

Resulta sumamente curioso que gracias a su banalización y al esnobismo radical-chic pijoprogre, hoy nos la quieran colar como “el himno de la lucha contra el coronavirus”. Después de soportarla oír una y otra vez en “La casa de papel” y sus “chorizos cool” y justicieros, ahora nos la obligan a oír en los balcones y tenemos encima que aplaudir para no ser señalados por los vecinos como peligrosos nazifascistas contagiosos.

Esto ya lo vi antes en Italia, igual que el coronavirus. Bella Ciao curiosamente la oímos entonar puño en alto en las manifestaciones del actual gobernante PD (Partito Democratico), en la celebración oficial del 25 de abril, por los inmigrantes subsaharianos cuando arriban a un puerto italiano a bordo del Open Arms, por las nuevas sardine o sardinas anti-Salvini recientemente lanzadas como resistencia al “fascismo de la Liga”, en cualquier manifestación LGTB, ecologista, feminista e incluso en iglesias por parte de curas comprometidos con la política migratoria, en lugar de los clásicos villancicos durante las últimas navidades. Verdaderamente demencial.

Ahora ya tenemos aquí al Bella Ciao, en la taquillera serie de televisión, en los tonos de los teléfonos móviles y en los balcones del confinamiento, como el arma secreta contra el COVID-19. Por fin los españoles disponemos, ahora sí, de lo que realmente nos hace falta, el Bella Ciao para acabar definitivamente con el virus fascista.

Cuando pierda todas las partidas, cuando duerma con la soledad, cuando se me cierren las salidas y la noche no me deje en paz, yo también resistiré, erguido frente a todo… a aplaudir el Bella Ciao.