Lo primero que hay que hacer es producir es un corte en la cognición de la gente, de las masas, respecto a su pasado; que desconozcan la verdad  histórica, que tengan una gran ignorancia de quienes fueron sus antepasados y las glorias de sus hazañas.  Eso lleva indefectiblemente a que todo el mundo se ría de que alguien pueda sentirse patriota. ¿Qué es eso?

Después, y como fase simultánea a la anterior, se habrá de cambiar su lengua, pues el que domine las palabras y su significado domina las mentes. Controlando la historia, el relato y el lenguaje se domina el pensamiento, o más bien la ausencia de éste, para doblegar cognitivamente a las masas y condicionar su comportamiento.

Una vez logrado esto, hay que modificar el marco axiológico heredado, es decir el marco de valores. De esa manera se tiene un control absoluto de las personas. Quien domina las cosmovisiones domina a las masas.

Para ello es necesario ir secando las fuentes de donde vienen los resortes morales de la conducta comunitaria. Es decir, hay que destruir la moral y estigmatizar a quien haga ostentación de la necesidad de recuperarla para recomponer el modelo de relaciones interindividuales en un marco de previsibilidad de los comportamientos.

La siguiente fase es cerrar las puertas a la movilidad territorial de los funcionarios. Así se hacen endogamias ideológicas y se extirpa de raíz posibles hechos plurales en las actuaciones y actitudes, creando un marco de estigmatización y arrinconamiento del diferente, del que defienda el Estado de Derecho como principio de coexistencia y de objetividad de los actos administrativos. Y lo más importante, controlar la entrada de los nuevos reclutados para ser profesores, mediante el control de los Departamentos.

Creada una inseguridad jurídica absoluta mediante la debilitación del Estado de Derecho y del marco jurídico, la siguiente fase es fomentar la absoluta arbitrariedad y la vuelta a unas fórmulas de feudalización de las sociedades, de tal manera que en el imaginario colectivo se vea claramente al que tiene las riendas de la situación y la potestad de hacer lo que le plazca. De esa manera cunde el miedo a ser represaliado y se sujetan las voluntades a la voluntad de quien detente el poder de forma arbitraria.  Yo vivo en Vascongadas. Si quieren les cuento.

El miedo es esencial en toda esta evolución. Habiendo miedo hay autocensura y contención tanto en las expresiones del pensamiento como en la libertad de las decisiones. De esta manera se conforma la voluntad general de tal manera que el que tiene las riendas de la situación controla el poder de forma férrea y sin oposición real. La oposición se amolda a la situación esperando a que el que está arriba caiga por su propio peso para hacer él —la oposición lo mismo, renunciando a comprometerse con la verdad y cumplir sus compromisos ante un electorado imbécil  —no es un insulto, etimológicamente “imbécil” es el que no tiene báculo, es decir que no tiene apoyatura porque ha perdido sus referencias, su sentido de pertenencia y está a la deriva—.

El siguiente paso es endeudarse hasta las cejas, de forma que el pago de la deuda generada sea imposible y la emisión de más bonos solamente tenga como objeto el pago de los intereses, de por sí gigantescos, no del principal. El banco central, es decir, quien está tras ese banco tiene el poder real, no un gobierno títere, igual que en la Reserva Federal de los EE.UU que no es pública, pertenece a los Rothschild, Rockefeller y demás tinglado sionista, que teniendo los resortes de las finanzas públicas están sobre el Gobierno, es decir sobre la nación, y hurtan a los ciudadanos la configuración de la “voluntad general”. En España apliquen el cuento de otra manera. ¿O quizás de la misma?

 Un inciso informativo: la deuda pública ha crecido 124.606 millones en un año. En España, claro. No va a ser en Permanbuco.

Con todos estos ingredientes comprenderán que a la llamada ciudadanía —burda ironía— le importa un carajo la política y los políticos. Bastante tienen con sobrevivir en la selva con el machete entre los dientes.

Podemos añadir más. Hay que crear el máximo paro posible, así la gente depende para comer del Gobierno. Quien domine las subvenciones y ayudas públicas  controla las voluntades. A ver quién se mueve. De paso se deja entrar verdaderos contingentes multitudinarios de emigrantes de otra cosmovisión vital sustitutoria para completar el cuadro.

Y si por casualidad, o no, surge una epidemia, ya no hace falta mucho más. Ya está el personal acogotado suficientemente para no moverse. ¡Ni se le ocurra!

Y por si todo este panorama fuese poco lo que hay que procurar es que vengan las aves de rapiña a hacerse con el patrimonio. Dentro de poco el Museo de el Prado será de algún magnate que lo compre a precio de saldo. Así, si no se tiene patrimonio tampoco habrá gastos. Y si se mueren muchos pensionistas más ahorro de costes aún. La eutanasia es un buen remedio.  Dentro de poco se pondrá el nombre de Eutanasia a las niñas.

Es decir, que hemos logrado destruir la nación. Total, para qué queremos una nación si nos van a gobernar quienes posean los controles de nuestras voluntades; y  de lo que antaño llamábamos libre albedrío. ¿Qué es eso?

Pero no se preocupen. Porque todo eso no nos afecta. Eso solo les afecta a otros. Es como cuando mi amigo me dice que uno nunca se muere, siempre se mueren los demás, porque cuando te mueres tu no te enteras.