El 4 de mayo del  año pasado publiqué en el blog un comentario sobre la extremada sandez del diario monárquico ABC  (Economía e Historia / Sandeces del diario monárquico “ABC” | Más España y más democracia (piomoa.es), soltando bulos con los que pretendía desacreditar a Franco. Por ejemplo, que Franco había acogido en España a Beria; que Stalin tenía dudas de que Hitler hubiera muerto; que Franco fue un ferviente defensor de la bomba atómica para España. Etc.  Ayer mismo insistía el periódico: “El día que ABC desafió a Franco  al desvelar que el torturador de Stalin estaba oculto en España”. Se trataba de un bulo inventado por un caradura y que costó el cargo al ¿ingenuo? y poco profesional director, Torcuato Luca de Tena, por cabreo de Franco. La estupidez era revindicada ayer por el diario, además, como un “desafío”, que en Usa habría valido el premio Pulitzer. Mi comentario de 2020 señalaba: 
Quien realmente queda al nivel  que popularmente se llama “de gilipollas”, es el diario ABC, no Franco. Digo gilipollas porque ese antifranquismo de pega no les va a dar ningún rendimiento político, al contrario. Esa clase de monárquicos han sido el desastre de la monarquía. Fueron ellos, y no los republicanos, quienes la hundieron en 1931. Y son los que la socavan con memez suficiente para no darse cuenta de que destruyen su propia legitimidad al no defender su origen franquista, dando armas a los republicanos. La monarquía se debe a Franco, de ningún modo a los cortesanos méritos monárquicos, tan inexistentes como los de los rupturistas en 1976 o ahora.  Tienden a convertir la monarquía en una cosa abyecta, y con motivo de la profanación de la tumba de Franco ya dieron la talla. Como en 1931, como hacia el final de la guerra mundial, cuando, al servicio de intereses exteriores, habrían vuelto a España a las convulsiones republicanas o incluso al totalitarismo del Frente Popular. La historia pasa en balde para ellos, solo atentos a los oportunismos del momento.
Nadie ha hecho más daño a la monarquía que esos monárquicos, que no solo trajeron la república, como explico en mi libro reciente sobre ella, sino que por muy poco impidieron su vuelta mediante peligrosas intrigas, al final de la guerra mundial,  verdaderos actos de traición. Y ahora quieren ensañarse con la memoria del hombre que la trajo de vuelta. Es un caso extraño: en España han sido liberales los mayores enemigos del liberalismo,  monárquicos los de la monarquía, y republicanos los de la república. Algo elemental falla en la universidad, productora de unas oligarquías que no tienen nada de élites.