A izquierda y derecha, existe una caterva de “…pedantones al paño que miran, callan y piensan” como literariamente expresara el hermano de Manuel Machado. Sí el epitome de los atracadores en cien mares es Pedro Sánchez, el atracador en cien riberas es el ínclito Alberto Núñez Feijoo, representante de la derecha más desnaturalizada e inútil en la autonosuya más caciquil y cerrada. Son, ambos personajes, tan de la misma moneda, aunque cambien las siglas, que podrían intercambiarse los cargos con idéntico resultado, sin alterar el producto discriminador, confiscatorio, antinacional, antisocial.

 

Estos dos profesionales del sofisma, cuyo ejercicio de funambulismo les ha dotado de notoriedad y caracteres: soberbios y melancólicos, coléricos y resentidos, falsarios y pretenciosos, cínicos y menesterosos, como esa “mala gente que camina y va apestando la tierra…”; tienen en común demasiadas cosas, pero en una destacan: la persecución de la memoria y obra de Francisco Franco, a quien Sada, Galicia y España, deberá siempre superior gratitud y respeto que a estos dos personajillos de la “política del percebe”, aquella aferrada a la roca del dinero público, en permanente crecimiento, cuanto más fuerte es el temporal. La ventaja notable es que no influirán, ninguno de los dos, en un siglo, como Pericles.

 

La palabra huera suele preceder al pensamiento inútil y desembocar en la política estéril. La máxima expresión, antes de Casado, era Rajoy; y, antes de Pedro Sánchez, era Zapatero. En esa política contraria a sus votantes, errática con la historia y ausente de la batalla cultural de la izquierda, el PP tiene más banquillo. La nada en Cataluña y Valencia, lo poco en Andalucía, lo mismo en Castilla y León, y lo peor en Galicia. Todas las posibilidades de encontrar una Díaz Ayuso, mejorada, están en Vox y ninguna opción tendrá en cambiar el PP, es su adn. La disponibilidad de los dirigentes de Vox a suicidarse y renunciar a sus principios, por muy importantes que sean las canonjías, no lo contemplo en ningún caso, más allá de aciertos y errores. Dicho lo cual, si Vox acrecienta una mejor presencia territorial, el mismo haz de valores e idéntica valentía a la hora de señalar los problemas y la solución que propone; el PP se quedará en cuadros, los remunerados, y ayunos de Ayusos.

 

De Casado, hoy, no toca hablar para que no suba el pan, arrecie la invasión peninsular y los jueces se entreguen genuflexos. Alberto Núñez Feijoo es la alternativa del centro-derecha caviar. Su reflexión más profunda, marcará el pensamiento político europeo e iluminará la filosofía post revolucionaria del futuro: “mientras no unifiquemos el centro-derecha en España, la izquierda populista tendrá muchas más posibilidades de gobernar y ya se ha visto”. No me consta lo haya dicho después de una copiosa mariscada de nécoras, ostras, langosta y centollos, regada con abundante albariño, aunque lo parezca. Le faltó añadir, como se ha demostrado en Andalucía, Murcia y dos veces en Madrid, el 4 de mayo de manera clamorosa

 

Pues, cómo “ya se ha visto”, es Vox el que salva sus gobiernos y no se descentra sobre el ser de España como nación; el modelo territorial que tenemos; la ley electoral que mantenemos; el poder judicial que manejamos; los medios de comunicación que controlamos; la política fiscal con la que confiscamos; la discriminación de género que auspiciamos y la memoria histórica que imponemos. El europeísmo está muy bien si fuera una Europa de las patrias, unida por un común ideal y objetivos, no esta Europa de mercaderes y tutelas foráneas, ajenas a nuestra idiosincrasia, configuradora del ser trascendente y el derecho.

 

Feijóo, con esa estructura mental de percebe miope, que le caracteriza, pide “cambio de ciclo”, “políticas mas previsibles”, “un proyecto más europeo”, “subir el listón de la política”. ¿Que significan esa retahíla de sandeces? Nada. Lo ya conocido del Rajoyismo calamar, ambientado en la misma ría, de idéntico mar y similar melancolía. El final del ciclo vital de España como nación, y del pueblo español como sujeto político (soberano) en todo el territorio, con una lengua común, los mismos derechos e identidad histórica, ¿lo conseguirán estos reyezuelos autonomistas de la derecha moralmente vaciada?.

 

Los enormes desafíos que aguardan a los españoles, consecuencia de la larga siesta de cuarenta años que siguió a la muerte de Franco, son básicamente el de recuperar la libertad, sustraída de lo emocional y abierta al liberticidio; regeneración de la vida publica en todos los sectores de la misma, evaluable en transparencia, responsabilidad y eficacia; devolver la convivencia y la contienda política a los cauces de la unidad y normalidad. Resulta terriblemente anómalo y pernicioso que se ampare, proteja y gobierne, quienes quieren destruir los cimientos de nuestra nación y dividir a nuestro pueblo. Ellos son los enemigos de la convivencia, de la libertad y la democracia, no quienes, respetuosos con el derecho, aspiran a mejorarla.

 

De ahí el discurso de Feijoo, sostenido por Casado, de que el enemigo es Vox, al decir: “Vox no ha venido a solucionar ningún problema a nuestro país”; y, como en Galicia no tiene ni un solo concejal, ni un solo diputado en el parlamento, extrae la siguiente conclusión: “ese es el modelo y la única fórmula de volver a elevar la política”. Aquí tenemos la versión moderna del viejo sistema caciquil del Conde Romanones.  Compraba votos, como Feijoo compra voluntades, creando un sistema clientelar, tan asfixiante, como el de un bosque en llamas. Si aún no tiene representación parlamentaria Vox, en Galicia, es por una doble anomalía; la suya, Sr. Jones, que controla todas las aldeas y pueblos como si de la Granja de Orwell se tratara; y de Vox, al que su bisoñez no le permitió elegir y seleccionar a los candidatos adecuados. Más pronto que tarde, errará también en ese pronóstico.

 

Pero dónde mejor queda retratada la personalidad, concepción política y actitud vital de Feijoo, es en la entrega al dominio totalitario de la izquierda, demonizando primero y persiguiendo después, a Franco. ¿De dónde sale él para coadyuvar al derribo del franquismo, cómo cualquier comunista/separatista? ¿En qué fundamenta la ideología el PP para apoyar el blanqueamiento histórico e ideológico de la izquierda? En el expolio del Pazo de Meiras y de todos los bienes legítimos que tiene la familia de Franco en Galicia, Feijoo ha estado a la misma altura de Sánchez y en plena sintonía. Hasta el punto de solicitar al estado: “herramientas para proteger los bienes de Meirás”. O sea, se lo quitan a sus legítimos propietarios y poseedores, los herederos de Franco, mediante el artificio antijurídico de dos voluntades, ayunas de rigor procesal (juez y abogado del estado); y, ahora, incluyen en el expolio los bienes muebles y objetos personales, “herramientas” para seguir abusando del poder. ¿Y le seguiremos llamando democracia y estado de derecho?

 

La herramienta jurídica está en la Ley de Expropiación Forzosa y en la fijación de un justiprecio, siempre que se acredite el interés general. No en el bolivariano o comunista, “exprópiese” de Sánchez/Feijoo. Creo que “la política no se hace con sentimientos sino con virtudes, y como no tenemos éstas, poco adelantamos”, sostenía Galdós. Perseguir a una familia, instrumentalizando todos los resortes del poder para aplastarla, desde la difamación hasta la incautación de sus bienes, sólo puede darse en un estado prerrevolucionario o totalitario. Avisados estamos, quien ignore que, un día, nos puede ocurrir a cualquiera de nosotros.

 

Como en la Rebelión en la granja de Orwell, estamos asistiendo a la instauración de un sistema de poder, dónde el que lo ostenta, no está cualificado para hacerlo y digerirlo; ejerciendo un liderazgo mesiánico (España-2050), como el del cerdo Napoleón, donde se abusa de forma desmedida para obtener beneficios personales y de especie (manada/partido). Como bien saben los lectores, Napoleón (el cerdo) se va corrompiendo hasta robar la leche, tener un acceso exclusivo a las manzanas y acabar mudándose a la casa de los Jones (dueños), aunque el voto colectivo fuera el de su conservación como museo.

El franquismo, aquí y ahora, es la causa de todos los males; como en la granja hacía creer, Major, que era el hombre. El mensaje era tan simple como el del antifranquismo, pero menos elaborado. Decía el viejo Major: “los animales no tienen por qué vivir las vidas cortas y miserables que viven”. El culpable de su infortunio es el hombre, “el único ser que consume sin producir”, ahora es el franquista; y de esa premisa falsa, buscan crear una sociedad basada en nuevos valores. En el libro y en la realidad presente, el culto a Napoleón y la censura, forman parte de la vida en la granja; les censuran la música que les hacía felices, como ahora los toros, con el pretexto de consolidar una sociedad autónoma e igualitaria. ¡Qué paralelismo más asombroso con la granja de Orwell! Al final, ¡todos los animales son iguales, pero algunos animales son más iguales que otros!, por arriba, ¿verdad Pablo Iglesias?

Las reglas universales de la granja, como en la Constitución ahora, pasaron a ser particularizadas dependiendo de quién se trataba, corrompiendo un sistema comprometido con la igualdad para todos. Pensaban en la granja, eliminando al hombre, la causa principal del hambre y el exceso de trabajo, desaparecerán los problemas para siempre. Piensan ahora, los Sánchez, Feijoo, Casado y compañía comunista/separatista: eliminado Franco de la historia de España, no tendremos espejo en que mirarnos, ni comparación odiosa que soportar, ni enseñanza donde aprender, ni referente que superar. España nace en nosotros y, con nuestras ensoñaciones, termina. Al menos hasta 2050. Triste epitafio, sino hubiera reacción viril y consecuente de los herederos del Sr. Jones, que no queremos regirnos con las falsas reglas del despotismo animal.