En uno de los artículos recientes comentaba la necesidad de formar una nueva generación de (especialmente) jóvenes capaces de liderar la lucha por la supervivencia de España como nación, y por ende de lo que queda sano de Europa. Esta vez trataremos un asunto parecido.

Cuando surgió la polémica por el PIN parental en Murcia, y se empezaron a lanzar órdagos pidiendo la aplicación del art. 155 en esa comunidad, a los dos o tres días apareció un sindicato estudiantil convocando la huelga para el día 6 de marzo, con el fin de combatir la aplicación del mencionado PIN. Varias conclusiones se pueden deducir de esta iniciativa.

Primero, ese sindicato actúa de facto como la correa de transmisión del gobierno “progresista” (vamos a utilizar su lenguaje, no conteniendo la risa). Desde el Gobierno dicen “a”, y viene el eco “aaa…” de las agrupaciones afines. Posiblemente ayudadas en lo funcional y organizativo por los mismos que gobiernan. Muy recientemente, Iglesias ha recordado su modus operandi Gramsciano (cf): “el Gobierno es para gobernar, y las distintas organizaciones están para llevar esas ideas a todos los ámbitos de la sociedad, vía movilizaciones de distinto tipo”.

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Segundo, aunque el número de activistas de huelgas de este tipo es exiguo, su efecto en la enseñanza de gestión estatal es abrumador. Las aulas quedan vacías casi por completo. Da igual que el número que luego van a salir en la protesta en la calle será apenas suficiente para cortar una calle de segundo orden; da igual, los medios afines les sacarán la foto desde el ángulo y distancia adecuada para cubrir la vergüenza. Y lo más importante: conseguirán su objetivo. La huelga completamente patética – menores de edad son inducidos a oponerse al derecho legítimo de sus padres -, anotará otro tanto en la guerra y escaramuza cultural. Otra victoria, aunque dé vergüenza ajena, para la izquierda.

Pero la conclusión más importante es esta: la no izquierda carece de voz representativa en estos niveles. Los que no quieren recibir una educación marxista o “progresista” en general, no tienen una voz que les represente. No existe un sindicato estudiantil patriótico o no izquierdista al menos que mande una comunicación a todos los centros educativos indicando que ellos no van a secundar esa huelga; que sus afiliados y representados sí van a acudir a las clases, y exigen por tanto recibir enseñanza adecuada y no perder tiempo. Aunque sea de consolidación de lo ya explicado (el sistema actual no permite avanzar materia en ese día). Pues no tenemos estos sindicatos, al menos no en forma efectiva.

Esta es la propuesta concreta de este artículo: animar a crear organizaciones efectivas, representativas de un pensamiento no comunista, no globalista, patriótico y cristiano. O lo que pueda ser con algunas de estas características. Algunos me dirán que algo de eso existe, aunque sea minoritario. Pues me da igual cómo se llame, pero debe ser efectivo. La idea es esta: hay que animar a nuestros allegados jóvenes y no tan jóvenes, sus círculos de amistades y otros contactos similares a agruparse en asociaciones y organizaciones que se harán notar a modo de ejemplo mencionado. Otra vez os recuerdo a la izquierda: ellos no se hacen esperar. Será porque les paguen o lo que sea, pero las ganas no les falta de organizarse. Y lo hacen en ese sentido bastante bien. Sin ir más lejos, prestad atención al mismo discurso de Iglesias: ponía como ejemplo al movimiento “progresista” italiano de Sardinas que buscaba minar la subida de Salvini en las elecciones regionales italianas de enero.

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El camino está trazado. Hay que recorrerlo en sentido contrario.