Ministra Celaá, apúntese esto: “No espere lo imposible ni retrase lo inevitable”

En marzo este gobierno cerró el acceso a la educación a 10 millones de alumnos. Cuando terminó el confinamiento la ministra Celaá dijo: “La educación presencial es irrenunciable” Hoy, y tras cinco o seis bandazos que muestran la errática política de esta ministra y a las puertas del inicio del curso escolar, esta señora y el gobierno en pleno no tienen ni la más mínima idea de cómo garantizar la educación a nuestro jóvenes y niños sin poner en peligro su salud.

La experiencia vivida de la enseñanza online ha demostrado que era improvisada, superficial, inconsistente y que producía una tremenda brecha entre los centros, los profesores, las familias y los alumnos; sin hablar de los niños que, careciendo de las herramientas informáticas necesarias, no han podido acceder a esa enseñanza. Y ahora ante la decisión que hay que tomar por dura que sea, el gobierno y, si, también las comunidades, están más en evitar conflictos que en poner sobre la mesa soluciones válidas, no cualquier solución para salir del paso. Y esto es así porque el pueblo español, dando una vez más muestras de una peculiaridad nuestra, ha votado el peor gobierno para la peor crisis, tal como hizo cuando elevó a Zapatero al poder en la anterior. Debe de ser que la democracia ha venido a mostrar que, en esto de votar gobiernos, los españoles nos mostramos masoquistas, pues según se ha visto y se ve, preferimos gobiernos “progresistas” aunque sean más inútiles que el cuaderno de Van Gaal, aquel entrenador del Barcelona que tomaba notas constantemente durante los partidos para, al final, perderlos. Y así, los ciudadanos, que hemos conformado un gobierno social-comunista, nos encontramos que la salud de nuestros jóvenes y niños al acudir a las escuelas e institutos no está garantizada por ese gobierno elegido libremente por nosotros, a pesar de estar garantizada por la Constitución. Paradojas de la vida política y social.

¿Qué hacemos? Se preguntan Pedro Sánchez y sus ministros. Y andan dando vueltas y revueltas a que fórmula adoptar para que la enseñanza esté garantizada sin que peligre la salud de nuestros jóvenes y niños. Pero como no tienen idea, ni se espera que la tengan, optan por la propaganda, el marketing y la publicidad para tapar todas las carencias de este gobierno, no solo en materia educativa, sino en todo lo que concierne al bienestar general de los ciudadanos. Están tan en la publicidad, el marketing y la propaganda diseñadas por ese Rasputín de la Moncloa llamado Iván Redondo, tan cerriles en ello que, como pasaba al Quijote: “Se pasan las noches de claro en claro pensando solo en mantenerse en el poder, y los días de turbio en turbio, y así, del poco dormir y del mucho maquinar, se les ha secado el cerebro, de manera que todo el gobierno con su presidente al frente, han venido a perder el juicio en la toma de las decisiones correctas a los problemas de España y de los españoles”

El gobierno debe priorizar la salud de nuestros jóvenes y niños por encima de cualquier otra cosa. Debe olvidarse de los réditos políticos y asumir el coste que esto le suponga, para eso gobierna. Nunca podrá justificar este gobierno que, por una decisión de propaganda política, nuestros jóvenes y niños vean amenazada su salud. Y los padres, si el gobierno decide abrir las escuelas y las guarderías, deberán sopesar muy detenidamente si este les ofrece todas las garantías necesarias. La pérdida de un curso escolar en nada afectará a los alumnos en esas edades; se puede recuperar perfectamente. Lo que puede que no se recupere totalmente es la salud de nuestros jóvenes y niños, pues aún no sabe nadie las secuelas que este virus puede dejar a lo largo del tiempo en un organismo que sufrió su contagio.