¿Qué hubiesen pensado nuestros padres y abuelos si les dijésemos que el Gobierno de España ha hecho una ley que protege a los delincuentes y deja maniatados a los policías? O ¿qué hubiesen pensado sobre esto los más lúcidos y brillantes filósofos de la Historia, desde Platón a Ortega? Para darnos cuenta de la época oscura y tenebrosa que nos ha tocado vivir, es fundamental ponerla en comparación con el pasado, es decir, con la normalidad, para así poder observar con toda nitidez la desmesura, la falta de lógica, la locura colectiva en que nos han metido los actuales dirigentes del mundo.
 
Es necesario decir que la izquierda política siempre, invariablemente, ha estado más cerca de los delincuentes que de las fuerzas del orden. Y esto tiene una explicación sencilla: sin el uso de la violencia física, casi nunca las izquierdas hubiesen podido llevar a cabo las grandes revoluciones que desmontaron e hicieron añicos los moldes del Antiguo Régimen, empezando en La Bastilla, pasando por el bolchevismo leninista o el castrismo, y terminando por ejemplo en las palabras del líder carismático de Podemos, cuando llamaba a salir a "cazar derechistas" por la calle. El marxismo es por esencia y naturaleza totalitario, antidemocrático, contrario a la libertad y la dignidad humanas, y por lo tanto necesita la violencia. Por eso es prácticamente imposible que un dirigente socialista o comunista esté a favor de la ley y el orden establecidos.
 
La reforma de la llamada Ley Mordaza que ha sacado adelante el ejecutivo socialcomunista de Pedro Sánchez con la ayuda de proetarras, golpistas catalanes y separatistas de todo pelaje, no hace sino confirmar esa querencia natural que el marxismo tiene hacia los delincuentes, atando de pies y manos a los agentes del orden público, e impidiéndoles hacer su trabajo que, casi da vergüenza tenerlo que decir, pasa por meter en vereda, primero por las buenas y luego por las malas, a chorizos, carteristas, navajeros, yonquis, atracadores, violadores, secuestradores, terroristas y cualquier otro tipo de gentuza. Los gobernantes decentes, por pura lógica, dan facilidades a sus policías para que puedan hacer su trabajo adecuadamente, ya que de ello depende, en buena medida, la seguridad y tranquilidad de los ciudadanos.
 
Pero, ¿quién ha dicho que este Ejecutivo claramente ilegítimo que preside Pedro Sánchez quiera la seguridad y tranquilidad de los españoles?, ¿quién puede asegurar que a Sánchez le importa los españoles, salvo aquellos justos y necesarios para volverle a votar dentro de dos años, cuando ponga de nuevo las urnas en la calle? Evidentemente, los españoles no le importamos nada a Pedro Sánchez; ni los pensionistas, ni los jóvenes, ni los parados, ni las familias, ni los obreros, ni los empresarios, ni los vacunados, ni los no vacunados. Sánchez gobierna contra España, que es tanto como decir contra la mayoría de los españoles, y su reforma de la llamada Ley Mordaza lo convierte, sin duda alguna, en el mayor peligro público que ha habido en el Palacio de la Moncloa desde la muerte de Franco.
 
Impedir a la policía hacer su trabajo con libertad, maniatar a los agentes del orden para que no puedan reducir, sancionar o detener a un energúmeno, equivale, simple y llanamente, a convertir la civilización en una selva. Sin orden y sin ley se acaba la civilización. Y los garantes del cumplimiento de la ley y el orden son las fuerzas de seguridad del Estado, nos guste más o menos de quién dependan o quiénes sean sus superiores inmediatos, que en este caso es el ínclito Grande Marlaska, el ministro de Interior más indigno que ha sufrido ese ministerio en décadas. Por tanto, lo que está perpetrando este desgobierno socialcomunista con esta reforma es un ataque deliberado y furibundo contra los derechos y libertades fundamentales de todos ustedes y de un servidor.
 
Que esta reforma lleve la firma de Podemos, de Bildu, de Esquerra, de Juntos por Cataluña, del PNV..., en definitiva, de todos los partidos que, casi sin excepción, tienen a uno o varios imputados y condenados en sus filas (o sea, delincuentes o presuntos delincuentes) da una de las claves del asunto. Y vuelve a poner ante nosotros la gran pregunta que siempre procuro plantearles: ¿a quién votamos cuando votamos?, ¿realmente es esto lo mejor que podemos tener en La Moncloa? ¿Es esto, un gobierno que pone a los delincuentes por delante de la policía, lo mejor que le podemos dejar a nuestros hijos y nietos, a las próximas generaciones? Creemos, sinceramente, que no.
 
Creemos, sinceramente, que esta deriva enloquecida debe terminar cuanto antes. Que, al margen de las ideas que defienda cada persona, deberíamos coincidir al menos en una cosa: el mal debe ser aislado y perseguido, jamás ayudado, ni apoyado, ni financiado. El poder es el mayor ejercicio posible de responsabilidad colectiva, no el evacuadero de las más sucias y bajas pasiones humanas. Nunca más un gobierno ilegítimo y traidor a los españoles. Nunca más unos gobernantes sin escrúpulos morales.