La retirada del catálogo de HBO de “Lo que el viento se llevó” por racista, al igual que los ataques contra las estatuas de Colón, Fray Junípero Serra, Juan de Oñate y otros pobres conquistadores españoles que pasaban por allí durante la ola de vandalismo desatada por los activistas de Black Lives Matter, por supuesto obedece al objetivo de la implantación de la agenda mundialista, con el multiculturalismo entre sus puntos esenciales. Un multiculturalismo que consiste en eliminar fronteras para favorecer la inmigración masiva, la discriminación positiva de minorías raciales y la demonización de la cultura europea tradicional en aras de un igualitarismo cultural que anuncia una nueva raza universal mezcla de todas, sin más identidad propia que el hedonismo individualista, las notas folclóricas del engrudo cultural en formación y su subordinación a la oligarquía globalista.

La censura de la película fue provocada por John Ridley, el guionista ganador de un Oscar por “12 años de esclavitud”, que escribió un artículo de opinión en Los Angeles Times en contra de la obra clásica. Curiosamente John Ridley dirige la serie “El padrino de Harlem” que se emite por HBO y narra la vida de un violento gánster negro, reproduciendo los mismos estereotipos del género usados por Hollywood para retratar la mafia italoamericana. No parece que los valores que predica su serie sean ni por asomo mejores que los que aparecen en “Lo que el viento se llevó”. Afortunadamente este grosero intento de censura, queriendo impedir el acceso del público a una obra maestra del cine, ha salido rana, pues ha conseguido colocar “Lo que el viento se llevó” entre las películas más descargadas en otras plataformas como Amazon y Apple

Ante la polémica, HBO ha anunciado que la película regresará a su catálogo, pero con un añadido sobre su contexto histórico y una denuncia de la representación que hace de los confederados. Es decir, nos van a explicar cómo debemos interpretar apropiadamente la película. En definitiva, se trata de impedir que tengamos nuestro propio criterio u opinión, que debe ser sustituido por el discurso políticamente correcto que han decidido otros, con el poder y dinero suficientes para decirnos lo que esta bien y lo que esta mal.

Por si la censura y la manipulación no fuesen ya por sí solas lo suficientemente graves, se cierne otra amenaza intelectual sobre nuestras sociedades occidentales. Se trata del presentismo, que, desde el punto de vista moral y político, examina el pasado a la luz de los valores vigentes hoy, no con los propios del tiempo en que sucedieron los hechos. Si además ese pasado se tergiversa, enfatizando lo negativo y ocultando lo positivo, estamos ante lo que no puede calificarse de otro modo que de falsificación de la historia.

De esta forma se pretende lograr que rechacemos un pasado que juzgamos fuera de su contexto histórico real. En su arrogancia, los John Ridley de turno, que apoyan con el mismo ahínco a Black Lives Matter y a Planned Parenthood (principal organización abortista de EE.UU) se creen en posesión de la única virtud moral de la humanidad, pero no se han parado a pensar que cuando en un futuro, al igual que sucede con el racismo en el presente, se juzgue nuestra sociedad, de la misma manera que hoy consideramos el derecho de propiedad sobre las personas una abominación, puede llegar el día en que el derecho al aborto sea contemplado de la misma manera y todos aquellos que hoy lo defienden, unos seres infames igual que los esclavistas del sur.

Pero para la agenda mundialista lo importante es que, una vez que nos hayamos deshecho de nuestra herencia cultural y carezcamos de referentes históricos con los que identificar nuestras raíces, abracemos la nueva cultura universal, regida por los únicos valores acertados y aceptables que los Soros y compañía han fabricado para nuestro presente.

Este hombre masa es el hombre previamente vaciado de su propia historia. Sin entrañas de pasado y, por lo mismo, dócil a todas las disciplinas llamadas internacionalistas… siempre en disponibilidad para fingir ser cualquier cosa”, vaticinaba Ortega y Gasset en “La rebelión de las masas”.