Los jefes socialistas Largo, Prieto y Negrín en combinación con Companys desataron una  guerra civil que duró dos semanas antes de ser vencida, dejando innumerables muertos y destrozos,  en octubre de 1934. Para  apreciar la extremada bellaquería de los memoriadores, veamos cómo lo exponen en un “informe técnico”:  la insurrección del 12 de octubre al 8 de diciembre de 1934 provocó la muerte de entre 855 y 1.105 civiles a manos de las fuerzas gubernamentales, que sufrieron entre 262 y 283 bajas fatales,  en  su  mayor  parte  en  combates  con  las  fuerzas  revolucionarias“. Dejando aparte las cifras y la fecha final, estos  falsarios profesionales, llaman “civiles” a los miles de milicianos armados y fanatizados, que tuvieron más bajas al enfrentarse a tropas mejor preparadas. Y que, por cierto,   asesinaron entonces,  a más de cien auténticos civiles (clérigos, ingenieros, “fascistas”, también mujeres). Aparte de incendiar medio Oviedo, volar la biblioteca de la universidad y obras de arte invalorables, y causar innumerables destrucciones.  Lo hicieron siguiendo los llamamientos e instrucciones de  Prieto, Largo Caballero y Negrín. Estos “memoriadores” han perdido la más elemental decencia moral e intelectual.

Las instrucciones secretas del PSOE, que publiqué en Los orígenes de la guerra civil, especificaban, entre otras cosas la formación de  grupos milicianos que debían acumular armas, gasolina y explosivos con vistas al movimiento proyectado: “El movimiento tiene todos los caracteres de una guerra civil”. “El triunfo del movimiento descansará en la extensión que alcance y en la violencia con que se produzca”. “El movimiento debe afectar a los servicios de vital importancia (alimentación, transportes, agua, gas, etc.), y los grupos de acción cuidarán de anular a los que se presten a evitarlo” Y otras instrucciones como conocer los domicilios de políticos, civiles y militares no adictos, para “neutralizarlos”, así como utilizar ampliamente la gasolina, los explosivos y las armas con la mayor potencia posible.

En la reunión previa al lanzamiento de la guerra civil, los jefes del PSOE se repartieron los cargos del gobierno que pensaban formar. Y acordaron que, en caso de fracasar, afirmarían no tener nada que ver con la insurrección, la cual habría sido una respuesta “espontánea de las masas” ante el peligro de un golpe fascista, por lo demás imaginario. Todo esto está perfectamente documentado por varios de los propios dirigentes, como Vidarte o Carrillo.