Junqueras, que se siente feliz de ser acompañado por un exterrorista convicto y confeso, el señor Otegui, cuya hoja de servicios está asociada al pasado de ETA, compara a Cataluña con Ucrania, lo cual es el colmo del disparate y del sinsentido.

Para empezar, si tan malo es Putin nos tendría que responder al rumor que circula por los mentideros de que Rusia ha estado apoyando a los independentistas catalanes. Y nos debería explicar en qué grado, y si ha habido consentimiento en las campañas de desinformación desde fuentes rusas en torno a la legitimidad del intento de separación de esa parte incuestionable de España que es Cataluña, por razones históricas y jurídicas.  Yo no tengo pruebas para afirmar una cosa o la contraria, pero así viene reflejado en prensa que no se caracteriza de ser proclive al sector conservador del electorado conservador español. 

 Y ya de paso, no estaría mal que nos cuente sus relaciones con el Foro Sao Paulo que también está apoyado desde Rusia para llevar a las partes escindidas de la Hispanidad a la esfera de influencia de la antigua URSS, en un giro de 180º, para retroceder en la historia hacia el viejo y superado Pacto de Varsovia.  Que nos explique la relación que hay entre los separatistas y el Kremlin, recibiendo dinero ruso. No soy yo el que se opone a Putin. Es él, que asemeja el ataque a Ucrania y la falsa agresión de España a Cataluña, lo cual es un oxímoron ya que nadie se ataca a sí mismo salvo que tenga un problema psíquico muy propio de quienes se autolesionan.

 

No señor. Cataluña no es Ucrania. De lo contrario usted probablemente, señor Junqueras, no estaría hoy tranquilamente en la calle hostigando impunemente a los españoles, incluidos a sus paisanos catalanes que también lo son.  Si lo fuera, créame usted que hace tiempo estarían los tanques circulando por la Diagonal. La simple comparación es un insulto a la inteligencia. Lo extraño es que este señor aún sea escuchado por alguien. Así estamos.

 

No soy yo partidario de tomar posición en torno al problema ucraniano. Cualquiera de las dos interpretaciones posibles, la favorable a Putin o la desfavorable tienen su argumentación y su verdad, y no seré yo quien meta baza ahí, pero comparar a España con el proceso de desmembración de los países del antiguo Pacto de Varsovia que han ido por su camino tras la caída de la URSS es un disparate propio de un fanático irracional que no tiene un atisbo de sentido común.

 

La descomposición  de la Hispanidad, como proceso histórico,  para caer en las garras del mundo anglosajón puede tener su similitud con ese imperialismo de la OTAN y del Estado profundo que pretende llevarse al huerto a las naciones que recuperaron su modo de vida y soberanía tras el derrumbe del Muro de Berlín. Pero en nada tiene analogía la tiranía comunista de la Unión Soviética y los 100 millones de muertos producidos por los comunismos en el mundo, con ese bálsamo de paz y construcción de civilización que fue la Hispanidad, cuya disolución fue un drama al decir de los propios afectados cuyo rumor de nostalgia por aquel pasado cada vez es más fuerte y añoran tiempos pasados de civilización nacida desde la Escuela de Salamanca de respeto a la dignidad humana y sustrato cristiano de convivencia. Por mucho que se empeñen con la Leyenda Negra ya nadie cree ese cuento y cada vez más son los productos intelectuales en forma de libros, de películas y vídeos, de colectivos, que, desde el plano estrictamente historiográfico comparado, demuestran que los que afirmaban esas barbaridades cometidas por los españoles son, precisamente, los que cometían esos atropellos imperiales allí donde pisaban.  Y lo mismo ocurre hoy. Todo el mundo lo ve salvo los que no escuchan otra cosa que lo que venga del sistema subvencionado.  Hoy, esas piezas del puzle desgajadas no viven mejor que cuando estaban dentro de un espacio común de la Hispanidad, porque la nación era esa: la Hispanidad. Todo lo demás, en amenaza de ruina total, no son más que sus fragmentos. Un jarrón roto deja de ser jarrón y pasa a ser trozos del jarrón. Pierde su esencia.

Aquel producto de civilización nada tiene en común con los Gulag, las purgas estalinistas y el férreo control de la población nacido de un régimen tirano que despreciaba al hombre como ente individual, igualmente que lo desprecian gentes como Junqueras que ponen los mal llamados derechos colectivos por encima de los individuales, en una losa opresora que es el independentismo y todo lo que ello conlleva.

Así que vaya con ese cuento a convencer a pobres incautos, que ya es desgracia que tras lo ha llovido existan más allá del jugoso provecho venido del servicio a regímenes basados en caciques territoriales.