Más, mucho más, que un párrafo de gracias, como no corresponde al laconismo militar de nuestro estilo, querido y entrañable camarada, hermano y amigo Álvaro Romero. Como puedes ver, tampoco observo la ortodoxia falangista en el protoco de la gratitud. Será que, como afirman los Panoramix de la aldea azul, yo no soy falangista. ¡Ea!, que como dice el camarada Gustavo Morales es el OK de los españoles, pues será que no lo soy.

Me cuentas, querido Álvaro, que en ese patio de corrala que son las RRSS, en el que todos sus vecinos arrojan el contenido de sus orinales, y en el que yo no estoy empadronado porque las puñaladas (muchas) y las alabanzas (pocas) que en él se vierten son todas más falsas que un falangista de atrezo; me cuentas, decía, que los druidas de las esencias y los alquimistas de la pócima azul me andan poniendo como el rabo de una vaca y, los más piadosos, como el palo de un gallinero porque he dicho públicamente que el 4 de mayo votaré a Isabel Díaz Ayuso. Lo haré, sí.

No les voy a conceder a los Panoramix falangistas ni la cortesía de una explicación, ni siquiera la de la ortodoxia a la que apelan con el llamamiento de José Antonio a los falangistas en los comicios de febrero de 1936: “En estas elecciones votad lo que os parezca menos malo”. No les debo nada. Nada. Ni camaradería, ni lealtad, ni gratitud. Nada.

Tal y como le respondí al policía que, en un control en pleno confinamiento, me preguntó que por qué llevo la Bandera de España en el coche, contesto hoy que votaré a Isabel Díaz Ayuso por dos razones: porque me sale de los huevos, de los dos, del izquierdo y del derecho.

Muchísimas gracias, Álvaro. Arriba España y, cuando puedas y quieras, nos tomamos un CAFE.