Tengo más que sospechas para pensar que Juan de la Cierva fue asesinado mediante un sabotaje en el avión que debía llevarle a Amsterdam para trasladarse después a Berlín. Básicamente porque, como vamos a confirmar documentalmente, era un agente al servicio de España, de Mola y de Franco.

Juan de la Cierva puso su dinero al servicio de la causa y debió reunir fondos (divisas) para la adquisición en el extranjero de aviones, armas y munición como indica la documentación; siendo vital su actuación para la gestión de la adquisición de 20 millones de cartuchos de 7 m/m e incluso, probablemente, participar en el boicot a envíos a la república.

Precisemos que en el verano de 1936 ambos bandos necesitaban desesperadamente esos suministros, aunque la República del Frente Popular tenía a su disposición las fábricas de armas.

Tampoco podemos prescindir de la situación internacional y el proceso de posicionamiento de los países ante la guerra española junto con la posibilidad de intervenir en el conflicto. Hasta ese momento Stalin se había decantado por un apoyo interpuesto a los frentepopulistas. Quizás la prueba más temprana de ello sea un radiotelegrama que el dictador comunista remite el 6 de septiembre a Kaganovich y al Comité Central del Partido Comunista de la URSS. En este plantea lo siguiente: “Convendría vender a México cincuenta aviones de bombardeo de alta velocidad para que México los revendiese a España. Asimismo se debería seleccionar a unos veinte buenos pilotos nuestros para que cumplan funciones militares y al mismo tiempo instruyan a los aviadores españoles en vuelos de bombardeo de alta precisión. Hace falta preparar esto rápidamente. Sería útil vender 200.000 fusiles, 1000 ametralladoras y unos 20 millones de cartuchos por el mismo procedimiento”.

El 18 de septiembre la Internacional Comunista procedería a organizar las Brigadas Internacionales que, aunque presentadas como un gran éxito, el contingente no indica que fuera una recluta tan popular como el mito pretende, pues por esta unidad reclutada en medio mundo solo pasaron unos 35.000/40.000 hombres; sus primeros contingentes llegarían a España en octubre. Señalemos que, sin duda, esta recluta influyó/aceleró el envío de fuerzas a la España nacional. En octubre llegaban a Cádiz los primeros combatientes italianos de lo que sería el CTV, pero hasta noviembre no saldría de Alemania la Legión Cóndor con su importante escalón de tierra.

En estos meses la actividad para conseguir pertrechos, aviones, armas y munición por parte de los rebeldes fue incesante dada su manifiesta inferioridad y ahí Juan de la Cierva tuvo un importante papel. En nuestros anteriores artículos aportamos testimonios de los viajes a la España nacional de Juan de la Cierva y de sus encuentros con Franco y/o visitas al Cuartel General del Generalísimo. Ángel Viñas citaba la existencia documental de una de las cartas remitidas por el inventor del autogiro al general Mola publicada hace tiempo por los herederos del que fuera “secretario civil” del general, Félix Maíz. Se trata de un texto definitivo, una prueba incontestable, de los servicios de Juan de la Cierva a la causa nacional. En ella, como apuntamos, el mismo declara estar actuando al servicio de los generales Franco y Mola. Esta carta dirigida al general Mola está fechada en Londres el 19 de septiembre de 1936, cuando las necesidades de los rebeldes eran acuciantes. Vamos a transcribirla sin comentarios para que sea el lector quien juzgue:

“Mi querido y respetado amigo: anoche llegué de Berlín, según la telegrafía, y según prometí desde allí, me apresuro a mandarle detalles completos del cumplimiento de mi misión.

No fue posible llegar a Berlín el miércoles, por llegar el tren a París demasiado tarde para enlazar con el aeroplano de la mañana, por lo cual seguí en el tren de la noche. Por cierto que en el coche-cama intentaron robarme mientras dormía, no sé si el dinero o los documentos, sin éxito.

Me puse en contacto inmediatamente con el Almirante Canaris, que es el que se encarga de la ayuda al movimiento. Me recibió muy bien y le expliqué la situación después de enseñarle la carta que V. me dio. Le hice presente estoy al corriente de todos los arreglos, tanto los hechos en Berlín directamente como los de la Hisma, etc. para que se halase con toda libertad.

El Almirante me puso en contacto con otras personas y en definitiva dejé arregladas las cosas como sigue:

1.- Las Marismas había encargado 5.000.000 de cartuchos 7 m/m. El creía le habían prometido entrega fin de agosto, pero los de allí dicen es un error, la entrega prometida era fin de septiembre.

Pensaba embarcarlas a mediados de la semana próxima en el barco que viene cargado de cobre. Ante mi resistencia, quedó arreglado el embarque hoy, sábado, en otro barco que fletamos, cuantos cartuchos se pudieran embalar y transportar a Hamburgo en camiones, trabajando día y noche. Al principio creían poder llegar a las 3 unidades, pero ayer por la mañana creían serían solo dos, pues si no, se perdería algún tiempo. Así se lo telegrafío a V.

Así pues, en el vapor Camerún salen hoy para Vigo:

2.000.000 (aproximadamente) cartuchos 7 m/m

2.000 fusiles calibre 7,92

875.000 cartuchos 9m/m para las pistolas ametralladoras que ya fueron.

Sólo quedaban por mandar, del encargo que el Comandante Génova hizo, 1750 fusiles alemanes, pero me pidieron permiso, que di, para completar la cifra hasta 2.000.

Los gastos extra, pues el barco especial, transporte en camiones y los 250 fusiles con 1.000 cartuchos cada uno se los pagué desde aquí. Todo lo demás estaba ya pagado (salvo una pequeña cantidad) con los envíos que hicimos desde aquí y que figuran en la relación que le dejé.

2.- El miércoles o jueves próximos saldrán los cartuchos restantes (probablemente 3 millones) para Vigo. Con el fin de aprovechar el viaje, he ordenado completar el cargamento con unas 1.500 toneladas de carbón.

3.- Esos cinco millones corresponden, repito al pedido hecho a la industria privada, que hay que pagar a tocateja. De todos modos, y en vista del plazo pedido por la fábrica austriaca (no polaca como me habían dicho los representantes polacos) ordené por el mismo conducto otros cinco millones en Alemania. Plazo máximo de embarque 3 semanas, casi seguro 2, pues ya tienen todo montado para la fabricación. Así pues, podemos contar con esos 5 millones hacia el 5-10 de Octubre en Vigo. Los pagaremos desde aquí.

4.- Todo esto no tiene nada que ver con los arreglos hechos por el general Franco con la Hisma. Tuve otra conferencia con Canaris y otros sobre este asunto. El Almirante me dijo podría confirmar a Franco que le enviarán 5 millones semanales. Según pidió, pero al principio decían tardarían 10 a 15 días en hacer el primer envío. Seguí instando sobre la necesidad absoluta de acelerar y entonces me dijeron que si tuvieran una muestra de nuestra cartuchería se ahorrarían 2 – 3 días pues pensaban mandar un aeroplano a España a recogerla. Saqué del bolsillo la que V. me dio y entonces dijeron que estaban casi seguros de poder hacer el primer envío en una semana de plazo, o sea hacia el 25 ó 26 del corriente, siguiendo luego cada semana.

5.- En vista de esto, que me fue solemnemente prometido, creí era innecesario el pedido a Austria, ya que además me di cuenta no les hacía mucha gracia a los alemanes, a quienes se había pedio les dieran tránsito y transporte desde Hamburgo. Sin embargo, a llegar aquí anoche y encontrar su telegrama, volví a avisar a los polacos, aceptando el plazo de 20 días para entrega de 7 millones. No amplié el pedido a 10, pues de todas maneras no podrán entregar más de 7 en ese plazo y si queremos más podremos encargarlos, sin retraso, dentro de unos días. Espero sus órdenes a este respecto”.

 

Entra aquí la misiva en el resumen de los embarques que van a realizarse probablemente en Hamburgo entre el 19 de septiembre y el 12 de octubre de cartuchería, que alcanzarían la cifra de 27 millones de cartuchos de 7 m/m suministrados por Alemania, Austria, la industria privada y la Hisma. La mayoría serían desembarcados en Vigo, destinándose 10 millones de cartuchos al ejército del sur. Continuemos con la reproducción de la carta:

“7.- La industria privada alemana, por conducto del Sr. Veltjens, está dispuesta a suministrar luego unos 5.000.000 cada 2 semanas si se les encargan y pagan. V. me pasará sus instrucciones, aunque yo creo que con las promesas recibidas no necesitaremos gastar más dinero en cartuchería. Los encargos hechos a Veltjens y a Austria, por 12 millones en total, constarán unas 65.000 libras, que pagaremos desde aquí.

8.- Veltjens, que es en realidad un agente oficial, me ha dicho que los rojos han comprado en Finlandia 1.000 ametralladoras, en 2 millones de dólares. Los de allí, de acuerdo con los alemanes, se las han vendido y exigen pago total antes de enviar nada. Han recibido una sexta parte del dinero y en cuanto hayan cogido todo, mandarán las 1.000 piezas sin algunas partes esenciales del mecanismo, así que nos les servirán de nada. Es un buen servicio que nos prestan.

Con esto termino la relación del cumplimiento de la misión que V. me encargó. Sólo debo añadirle que mis colegas de Londres han estado buscando stocks disponibles por todas partes y no queda nada en ningún país. Además están tratando de conseguir que unas 190 toneladas de mercancía sospechosa que hay en Hamburgo para envío a China, de procedencia austriaca y finlandesa, sean inspeccionadas para ver si se trata de cartuchos 7 m/m con destino al enemigo. Ese material está ahora detenido, por orden del Gobierno Alemán, y sería un buen golpe que nos lo enviaran a nosotros. Creo nada le pene que el General Franco diga algo sobre esto por medio de la Hisma.

Voy ahora a ocuparme de las otras misiones que V. y Franco me encargaron y que daré cuenta.

Hasta pronto espero. Quedo a sus órdenes. Le envío un fuerte abrazo. ¡Viva España!

Juan de la Cierva”.

 

Leída la carta anterior pocas dudas pueden quedar de cuál fue la actuación de Juan de la Cierva como agente de Mola y de Franco, ya que él mismo –insistimos– lo recalca en el texto. Era en este campo una de las piezas clave de la negociación en Berlín. Por otra parte, la carta confirma que manejaba unos fondos sitos en Londres con los que se pagaban parte de los envíos. Lo que dejamos para el último capítulo, como ya sugerimos en el anterior, es que en aquel otoño de 1936 comenzaron a llegar alertas sobre la necesidad de protegerle, porque otros agentes estaban operando a favor de los republicanos y conocían su actividad.

 

El texto de memorias póstumas de Féliz Maíz nos revela o confirma, además, algunos de los movimientos de Juan de la Cierva desde los primeros días de la rebelión. En primer lugar, que Mola lo consideraba como uno de los agentes internacionales de la rebelión: “Goicoechea en Roma. La Cierva en Londres. Ponte en Lisboa [general Ponte y Manso de Zúñiga]”. En segundo lugar, que La Cierva voló a Burgos para llegar el día 22 de julio, a partir de ahí los viajes se sucederían como ya señalamos. En tercer lugar, las gestiones del inventor con Berlín debieron iniciarse a finales de julio o principios de agosto (es Juan de la Cierva quien informa a Mola de la marcha de las negociaciones en Berlín indicando que se enviarán 24 Junkers y 9 Heinkel). En cuarto lugar, confirma que va bien su actividad en Berlín a través de  Veltjens (utilizaba un piloto inglés que llevaba sus mensajes a Burgos).

 

Por otra parte, merced a sus contactos, también actuaba como informador de Mola sobre la situación en Londres y en otros lugares. Así, por ejemplo, en septiembre le indicó lo que había averiguados sobre la recluta para las futuras Brigadas Internacionales que se realizaba en las oficinas abiertas por el partido comunista en París, Lyon y Marsella. También queda constancia de un nuevo viaje de Juan de la Cierva a Valladolid a finales de septiembre para entrevistarse con Cabanellas y con el propio Mola.

 

Poco más se puede añadir, pero no ponemos punto final.