Hace muchos, muchos años, en un país encantado… vivía un calvorota que rebota, rebota y tu culo explota; y que se hacía muchas preguntas vitales, a cada cual más horrenda y atrevida. Intentaba, el muy gilipollas, entenderse con sus coetáneos y, de esa manera, entenderse consigo mismo. Una vivificante manera de afrontar la vida, vaya. Pero el muy eccehomo no calculó que estaba sólo en el empeño, es decir: nadie en ese reino, que era el país encantado, le acompañaba en la empresa.

Bueno, queridos niños, llamaremos a nuestro estúpido amiguito “hérroe” (mixtura de error y héroe, con una pizca de horror). Pues bien… deambulaba nuestro hérroe por el reino, cual gallina descabezada, y se encontró con una bruja piruja, de esas de verruga atroz en la judaica porra.  “¿Dónde vas, caperucita?” , le preguntó la vieja bruja. “A lavarme el coño al río” le contestó nuestro hérroe. Craso error del señor, pues al ser macho no tenía eso que lavar y acabó lavando el ídem de la piruja. “¿Por qué no tendré el hocico cerrado? – se preguntaba nuestro hérroe, mientras frotaba y frotaba el susodicho lugar femenino, pese a que la piruja tenía menos de mujer que Messi de intelectual (nota a tener en cuenta: ¿Por qué Messi no sabe una papa de español ­– ni de qatarlán–  si lleva aquí 20 y pico años? ¿O realmente es Marañón, o Maranyon, pero finge ser retrasado mental severo, para cobrar una minusvalía? ).

La bruja, con su coño lustroso tras la intervención de nuestro hérroe, le habló:

- Te concedo 3 deseos.

- ¡Vaya! – exclamó nuestro hérroe – ha merecido la pena el esfuerzo.

– ¡Soplaré, soplaré y tu casa derribaré! – gritó la piruja.

- ¡Vaya! – exclamó nuestro hérroe – a la mierda mis 3 deseos, está tía está fatal.

– ¡Mi tesoro, es mío! – gritaba la chalada esa cuando nuestro hérroe ya había puesto pezuñas en polvorosa.

Siguió deambulando por el reino mágico y encantado de conocerle, igualmente. Aquí tienes un amigo, un esclavo, un siervo, un súbdito. ¡Marchando una de López Vázquez! Cuidado, que las carga el diablo. ¿El qué? ¡Tú sabrás! ¿yo qué sé? Pues eso, pan con queso. Albricias, con la Iglesia hemos dado. Dar por culo es lo que haces, tarao. Ya, pero sólo sé que no sé nada. Arreando, que es gerundio. ¡Oído cocina! Qué hambre, joder. No es lo mismo estar jodido que estar jodiendo. Ido sí que estás, calamar. La duda ofende, caballero. Como el ponche. Para Porche el coche de Ronaldo. ¿Pero tú no te metes sólo con Messi? ¿Yo qué sé? Me hablas, me hablas y me distraes, te pasa mucho en el bingo. ¡Venga, no me cuentes milongas! Milongas tengo que no ofrezco. Puta mili, y Vanili. Ya, pero la tenían de metro y medio. ¿El qué? La jeta, mira que hacer playback. Efectiviwonder. Ya te digo. Por la barriga te corre un bicho. ¿Qué te pasa? La bandera por tu casa. Se te nota, la cara de idiota. Y si no pasa nada, que nos den pomada. Cuidao, que viene el encargao. Te jodes, como Herodes, a ratos, como Pilatos y a días como Jeremías. Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada… el que nada no se ahoga. Ahorra e invierte después. No hay mejor lotería que el ahorro y la economía. Cómeme el coño –dijo la bruja – y nuestro hérroe, sin saber bien lo que hacía, obedeció. Menos mal que ya estaba sordo y desoyó la orden sexual. Y como la piruja veía menos que un gato de escayola… sí, ya sé que eso se dice para los tapias, no para los Rompetechos… ¿pero qué más da? Llegados a este punto, nuestro hérroe está más perdido que un pulpo en el desierto, ese animal de compañía. Con pan las penas son menos. Me está entrando hambre, de Knut Hamsun, en este caso. Amén. Ámense, es una orden. A mí no me da ordenes ni Dios. Vale, no te ames. Mámate. No me toques los cojones, Charles Boyer. No lo hago, Honorato. Tu culo para mi aparato.

Y así, queridos niños, nuestro hérroe siguió sus inconmensurables aventuras.

Continuará…