El mensaje es tan obvio, que uno no sabe si fue mandado a los EE.UU a decir, es decir, si se trata de un "correveidile", o se trata de una iniciativa propia en la cual la finalidad perseguida no es posible diferenciarla entre estas dos: 1) contribuir con el resto de su gobierno en el proceso de lograr el desencanto de la oposición, o 2) señalarse internacionalmente como la persona que puede sustituir al Rey como máximo representante institucional de la Nación, que en el fondo es igual que la primera.

La tarea del correveidile no consiste como pudiera pensarse en un mensaje "a", porque no se trata de decirle a él lo fracasado de su empeño, que para eso los hombres han usado el género epistolar; y entre nosotros, que le vamos a cambiar el nombre a la Monarquía parlamentaria española por el de Monarquía, o República, Sanchita de España como hizo Chaves con la República Bolivariana de Venezuela, hemos de reconocer que nadie como Sánchez hace mejor uso del mismo, para dar a conocer lo difícil y cuesta arriba que se le hace pensar cuando no lo hacen otros bobos por él.

Es la tarea que ¿ayer? le fue asignada a Pedro Sánchez; de la cual me entero al recibir hoy por la misma vía que ustedes, la prensa del gobierno, uno suyo oficial donde nos desinforma, dejando a un lado y como no supiéramos nada del desmoronamiento que sufre en la comunidad internacional el reconocimiento que este  "guapo" "corre, ve y dile" ha obtenido en un sinnúmero de países y personalidades que conforman la comunidad llamada "civilización occidental o judeocristiana" a la cual a pesar de los esfuerzos de los organizadores del PSOE y el usurpador  por desasociarla, aún pertenece España  y los españoles.

Pues ya veo que no va a haber inversión norteamericana; "nada es seguro", dice el interfecto, caso de que los neutrinos pudieran demostrar que don Albert estaba equivocado. Los neutrinos, como ya usted sabe, son partículas subatómicas de tipo fermiónico, (uno de los dos tipos básicos de partículas que existen en la naturaleza) y cuya particularidad consiste en que no se ven afectados por las fuerzas electromagnética o nuclear fuerte, pero sí por la fuerza nuclear débil y la gravitatoria, como es obvio deducir a la vista del relativismo imperante.

¿A que este último párrafo parece sacado de un discurso de Sánchez? Pues no era esa la intención del firmante, sino dejar constancia de que, por desgracia, nada es lo que aparenta como van a ver ahora. Por ejemplo, los mangurrinos. A pesar de que no figure en el DRAE, esta palabra sigue teniendo un carácter despectivo y, posiblemente, a usted lo hayan inducido a pensar que los mangurrinos y los gamusinos son sinónimos. Craso error, según se desprende de varios artículos que he leído en red, entre ellos el de Francisco Carrillo, Diario de Cádiz, 10 octubre, 2011, según el cual, el gamusino es un animal imaginario -político o no-, que se utiliza para gastar diversas bromas, tanto a niños como a cazadores, pescadores novatos o excursionistas. El recurso más habitual consiste en convencer al pardillo de que el gamusino es un animal esquivo que sólo puede cazarse de noche, interpretaciones particulares aparte, vamos, como los programas electorales. Sin embargo, el mangurrino -a diferencia de los belloteros- es término empleado por los extremeños de Badajoz para llamar así a los de Cáceres, mientras bellotero lo utilizan los de Cáceres para llamar así a los de Badajoz. En cualquier caso, tanto uno como otro término no dejan de poseer un sentido satírico, como ocurre siempre entre pueblos hermanos. Si se ampliara el ámbito, decir mangurrino con sentido más universal, ya se imagina hacia qué clase iría dirigido el vocablo y su recíproco. Pero tampoco es cuestión de dar ideas ni de barrenar.

Aquí lo importante es que estamos entre dos incertidumbres, según Sánchez. Una, qué resultará con los neutrinos. Otra, si estaremos condenados eternamente por los mangurrinos. De momento, ya sabe: los neutrinos se trasladan a más velocidad que la luz y son inofensivos; los mangurrinos también tienen una enorme velocidad para ponerse a cubierto, aunque pasan por ser una amenaza cierta. Contra los primeros no tenemos nada que hacer, sino mucho por investigar, pero con los segundos podríamos empezar situándolos en el justo lugar que les corresponde: administrar lo que nos recaudan, no permitirles privilegios y si se desmandan con gastos fastuosos, prevarican o se enriquecen a ojos vista, a la cárcel con ellos. De forma más benévola podría concedérseles, como a los automovilistas, una serie de puntos que irían perdiendo a cada metedura de pata o a cada flagrante mentira; cuando se les agotaran los puntos, ya se vería si lo pagaban con el destierro, con su patrimonio, con la cárcel, o con todo a la vez.

Lo que está ocurriendo ahora con este correveidile es un ridículo internacional del que nos costará mucho salir. Porque no hay proyecto, no hay datos que avalen esa ausencia de proyecto, y lo único que hay son movimientos ideológicos pero alejados de las necesidades reales de los ciudadanos, que crean división, crispación, paro y dependencia del subsidio público.

Lo pagaremos. España no va bien, y seguimos centrados en lo que no es importante. Sin proyecto de país, sin credibilidad y sin apoyos, el viaje de Sánchez a Estados Unidos debería ser considerado de ocio, y no de trabajo.