Incentivar al criminal convirtiendo a los responsables penitenciarios en cómplices de futuros crímenes, evitables como el de Álex. Marlaska de nuevo. 
 
 La faz de un espíritu impostor, la naturaleza tóxica de un ser vivo, pensante, vacuo de emociones, maldito en su existencia, maldita gracia de la España que lo soporta. Ejemplo de la bajeza impune hasta que la ofensa al sentido común le devuelva la demencia de una soberbia enferma y petulante, impostada de falsa sensibilidad con esa mirada imperturbable de robótica inanidad que se escupe escrutadora y capaz de toda bajeza moral. No hay un ministerio con un hombre al frente, sino un rimero de mierda voluptuosa, delicuescente, que multiplica un ajeno a los designios de la conciencia. Libertad para el sádico, cadena por inocente, multiplicados los eslabones de la vergüenza, un verdugo acecha la seguridad de los niños vendiendo prebendas sectarias para poblar las calles de asesinos que respiran el mismo vacío de una conciencia asfixiada. 
Eunuco de moral capada, apariencia endeble de un siniestro mutante con certeza de inhumanidad y desvergüenza. Quien mata a un niño es culpable como quien desata la bestia con fines sectarios. Que Marlaska se ha ganado a pulso el fúnebre destino de un espíritu cobarde y torturado está grabado en las garras que estrangularon a Álex. Tierra e infierno se mezclan en los espejismos de humanidad de un mercenario del Diablo que con voz meliflua vendió el alma, una vez más, al mejor postor de su conformidad con el Mal. 
 
Álex fue acogido por ángeles y la hermosa luz de un amanecer de ensueño, a Marlaska no le espera nadie cuando expire, salvo la horrenda compañía de un retorcido ente donde reconocer su horripilante fealdad. Un ser así ya está fenecido, su resentida mala leche, el hipócrita buenismo con la maldad son solo estertores de automatismo en un agónico impostor infectado de sí mismo. 
 
Descanse en Paz Alex-consuelo a sus Seres Queridos-asesinado por tantos hipócritas en nombre del monstruoso Marlaska... Almeida.