Del atentado del 11-m de 2004 seguimos ignorando su autoría, aunque sabemos perfectamente quiénes fueron sus beneficiarios: el PSOE, la ETA y los separatismos vasco y catalán. ¿Cómo fue posible? Porque supieron aprovechar la política  de Aznar cuando la invasión de Irak, política que el propio PP no se molestó en explicar y justificar,  esperando que tras la victoria rápida e indudable de Usa todo el asunto se olvidaría. Algunos quisimos defender la  intervención por suplir la inanidad del PP y por contrarrestar la demagogia contraria,  que al final tuvo razón, si bien por los malos motivos.

El argumento que empleábamos para justificar la invasión de Irak era la defensa y expansión de la democracia contra un tirano, como si toda la operación no se hubiera montado desde la “democrática” Arabia Saudí. Fue un gran error, en una época en que Usa parecía dispuesta y con poder para implantar la democracia a cañonazos en todo el mundo. Una experiencia de la que aprender.  El  PSOE explotó a fondo aquella política lacayuna, explicando los atentados como un castigo islámico,  en cierto modo justificable,  a una invasión muy impopular en España. 

Y ganó las elecciones, mostrando cómo estas  acciones exteriores ajenas a los intereses del país pueden tener efectos internos de alcance histórico: La victoria de Zapatero fue en definitiva la del Frente popular, tantos años después. Y el camino a ella lo allanó, nuevamente,  Aznar al condenar, dos años antes, el alzamiento del 18 de julio. Quería hacerse el demócrata sin tacha y el simpático ante “Europa”.