Según Azorín, la sensibilidad siempre ha generado un muro infranqueable para la inteligencia. 

¿No sé si me voy a explicar?

Vivimos estos días una situación que algunos han elevado a la categoría de crisis. Pero nada más lejos de ser algo normal y que seguirá pasando todos los días, aunque la clase política y la empática población, se empeñe en tratarlo como un suceso aislado y especial, que requiere nuestra atención.

El Aquarius es un rompehielos bremense  que con más de cuarenta años, esta operado por una famosa onegé y que en la actualidad se realquila a sociedades francesas que se presentan como maravillosas entidades que sin ánimo de lucro, realizan acciones en el ámbito del salvamento marítimo.

Imaginemos seiscientas o setecientas personas hacinadas en ochenta metros de eslora en medio de cualquier mar, que han sido salvadas de un dramático final y que no pueden volver a su país de origen, del que han salido huyendo por una situación política, hambre y miedo.  ¿Quién que se considere humano, les negaría asilo? ¿Qué persona sería capaz de devolverlos a su lugar de origen?

El tráfico de personas nos pone unas cifras en la mesa demasiado importantes como para olvidarnos de que existe. Equiparable al PIB de Portugal, Ucrania y otros países como Qatar o Grecia, es un mal y dramático negocio para mucha gente, que supone un flujo de capital muy importante y necesario para la economía mundial.  ¿Sorprendidos?

Cuando nos referimos a este negocio, no solo tenemos que acordarnos de la todavía existente esclavitud en sus formas más modernas, reproducción forzada, tráfico de órganos y otras actividades que pondrían el cuerpo del revés a cualquiera y que algunos solo son conscientes de ellas por las películas. Hablar de la trata de humanos, es también contemplar en negocio que mafias organizadas tienen con el comercio de visados para abandonar países en conflicto.

Por muy triste que nos parezca, Europa no puede ser el estercolero que de cobertura a este negocio y debe usar todos los recursos a su alcance para defender sus fronteras de esas mafias, que la mayoría de las veces obran en connivencia con pequeñas filiales de empresas más grandes que cuentan sus beneficios en cientos de millones, usando a las personas como materia prima.

Los países son soberanos y responsables de sus ciudadanos, estando obligados a hacer políticas para defenderse de agresiones externas. Abrir cualquier puerto al Aquarius, porque algunas siglas quieran sacar sus réditos, es pisotear los derechos de los ciudadanos de la propia nación, fomentar el tráfico ilegal de personas y sobre todo, lo que es todavía más grave, atentar contra la integridad y engañar a esa pobre gente que está esperando pagar con su vida, para ser metidos en un bidón, entre el motor de un coche o en cualquier lugar en el que encontrarán la muerte.

Vamos a intentar cuidar a nuestra madre o padre, ese señor que tanto dio por nosotros y que hoy nos necesita. Dejemos de abandonar a nuestros viejos, miremos a nuestros hijos y tratemos de solucionar todo lo que tenemos delante, antes de preocuparnos y discutir por cosas que ocurren, que siempre ocurrirán y que no sabemos ni porqué. A ver si mientras, los políticos ponen en marcha los ejércitos y terminan con las dictaduras que fomentan la pena y el dolor. Aunque si alguna vez pasará eso, nos daríamos cuenta de todo lo que nos tocaría repartir y lo mismo, nuestra empatía quedaba a la altura del betún. ¿No sé si me he explicado?