Hagan un ejercicio de imaginación. 
Estamos en el verano de 1936. un caluroso día de Julio en el que se confirman que un grupo de militares se han sublevado en la lejana África.  

 


Usted hasta ese momento ha vivido más o menos sobresaltado, dada la turbulenta y explosiva situación política en España desde que se publicaron los resultados de las confusas elecciones de febrero.

 


Los rumores de pucherazo se han respondido abriendo las cárceles produciéndose cientos de alborotos, asaltos de templos, decenas de  huelgas, varias de ellas generales.


En las calles los pistoleros marxistas disparan abiertamente  a los perseguidos jóvenes

 de Falange, quienes desde 1935 han empezado a responder a los "chibiris" que entrenaba el teniente Castillo y a quienes í tirotearon dándole muerte tras el asesinato del primo de José Antonio.


El asesinato de Calvo Sotelo  como venganza de lo de Castillo y el ruido de sables ha tensado todo mucho más, hasta confirmar lo que está pasando en África.

Cine Europa, Madrid


En cualquier caso, como usted es apolítico y no se mete con nadie, vive en el convencimiento de que más o menos todo es seguro. Hasta que una noche de ese mes caluroso descubre que Madrid de repente se ha transformado en un presidio gigante para quien no apoya la revolución.

 


-Sin un carnet sindical, o de un partido izquierdista, usted es hombre muerto. 
-Si va ud. bien vestido, es también hombre muerto.


-Si tiene dinero, despídase de él y de la vida. 


-Si viste sombrero o alguna cruz cristiana, es ud reo de muerte.

 


Desde el 19 de julio los socialistas, anarquistas, y comunistas,  junto con unos 16.000 convictos censados en Madrid y que desde febrero han quedado libres tras la apertura de las cárceles, se han hecho los  amos de la ciudad. 
Desde ese día empiezan a aparecer cadáveres por todas partes; son los muertos que los rojos llamarán "besugos" haciendo famosa la gracieta en pocos días. 


 

Y una noche, regresando sin miedo a casa,  usted, de pronto y en un cruce de una calle, se topa con tres milicianos y se le acaba la vida. 

Tiene pinta de fascista, y le llevan prisionero sin miramientos y a empujones a la checa anarquista del cine Europa. 
Es el cine más grande de Madrid, donde solo hace unos meses antes usted estuvo escuchando un mitin de Falange ejerciendo sus libertades políticas, y oyó por primera vez el himno de aquellos chicos tan lleno de esperanza.

 

Hoy va a ser su presidio, tu mazmorra, su celda de tortura y su final, sin entender siquiera qué narices está pasando. 
En aquel cine vio al hipnótico líder derechista, José Antonio Primo de Rivera, que ahora está tan prisionero como usted, solo que en Alicante, para alejarlo de sus vehementes seguidores en cuyas filas no milita.


 

Llega el turno del juicio. Se enfrenta usted a varios tipos patibularios y en camiseta. El jefe es un hombre del arroyo madrileño, criado en un orfanato. Un delincuente común con  fama de ser muy peligroso. Se llama Felipe Sandoval y su vida está en sus manos. 
No hay salida. Está usted condenado de antemano. Posee usted dos pisos y no tiene callos en las manos. Viste bien, aunque se haya quitado la corbata y tirase el sombrero. 

 


Un día cualquiera de julio de madrugada, su cuerpo apareció abandonado en la carretera de Francia, junto con mucho otros. Cientos de cuerpos como el suyo aparecen cada amanecer, y sirven de distracción al populacho. Quizás le desnuden y le quiten los zapatos y hasta el traje. Quizás sus parientes le encuentren o no. Será usted uno de  tantos en los que la "ira del pueblo" y "la justicia proletaria" se cebe, se vengue de tanta hambre y de tantas injusticias. 
Lo dicen los periódicos marxistas.Hay que matar a todos los "facciosos" que "chupan la sangre al pueblo". 

 

Y en Madrid hay medio millón de facciosos. Quedan aún 1.000 días de guerra por delante hasta que las tropas del general Saliquet entren con Franco en la capital y acaben con el terror rojo y la injusticia, traigan orden y pan al pueblo, y años más tarde, en una basílica excavada en cuelgamuros, acaben sus huesos con los de sus asesinos y miles de españoles más, hasta que un malnacido iluminado, un siglo después decida abrir las fosas, y con ellas, las heridas.

„

 

"Ojalá fuera la mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles. Ojalá encontrara ya en paz el pueblo español, tan rico en buenas cualidades entrañables, la Patria, el Pan y la Justicia." 

Jose Antonio

 

Gracias a @SorPrendida por tu inspiración

 

 

José Luis S. Saliquet