Pocos hechos resultan tan asombrosos e irritantes como la injustificada superioridad moral de la izquierda. Una superioridad basada en mentiras de consenso, en la increíble fuerza de la propaganda mediática, y de unas cuantas generaciones de ciudadanos que viven completamente de espaldas a la verdad. En un mátrix progre que no solamente envilece sus propias vidas, sino que condena las de sus hijos y nietos a una existencia tenebrosa e irreal.
 
La izquierda caviar en España es capaz de vociferar a gritos contra los culpables del caso Gúrtel mientras esconden y justifican el expolio de los ERE andaluces, el mayor caso de corrupción política de Europa por volumen de dinero público defraudado. Esa izquierda caniche puede insultar al discrepante, y alertar contra el peligro de la ultraderecha, mientras usa, presuntamente, a una funcionaria de un ministerio como niñera particular, montando incluso una salita de juegos para los niños en el propio ministerio. Una doble moral que, simplemente, repugna cualquier conciencia bien formada. 
 
En este contexto, no debe extrañar la campaña que ha desatado la izquierda política, con la ayuda de sus MCS adeptos, para intentar desprestigiar el hospital público Isabel Zendal, por la única razón de que ha sido construido durante un gobierno del PP. Una campaña que, en el colmo de la desfachatez, incluye presuntos sabotajes, con robos, atasco de cañerías, y toda suerte de pillajes y fechorías para intentar que el hospital colapse y no pueda atender a los enfermos. O lo que es lo mismo, poniendo en serio peligro las vidas de personas inocentes. 
 
Siempre hemos dicho aquí que el odio es una de las mayores fuerzas innatas que operan en las personas, desgraciadamente. El odio nace del rencor o la frustración, y se alimenta de la falta de Fe. Quien vive de espaldas a Dios, que es el amor, fácilmente caerá en las garras del Mal, proyectando esa frustración y ese rencor sobre todo aquel que previamente ha sido demonizado. En esto es obligado decir que el marxismo tiene un siglo y medio de experiencia demostrable.
 
Ahora falta que la policía identifique y detenga a los culpables. Pero ya los máximos responsables del centro han calificado los actos como sabotaje. Con varias cadenas de TV y radio dedicando horas y horas a descalificar el hospital Zendal, inventando falsedades, insultando ferozmente, y poniendo en un brete a los trabajadores, por el terrible delito de estar en un centro construido durante un gobierno del Partido Popular. Así es la izquierda cainita que padecemos.
 
En varias ocasiones hemos dicho que mientras sigan abiertas las heridas de la guerra civil, será imposible que España salga del pozo en el que se encuentra. Y es obligado decir que esas heridas siguen abiertas exclusivamente por el rencor y el odio de la izquierda política, incapaz de asumir su derrota en aquel conflicto. Nada podremos hacer, ningún progreso real conseguiremos, si no llega una generación nueva de dirigentes que haga del sentido de la responsabilidad la regla número uno de su comportamiento público. Pero eso, ahora mismo, está muy lejos de que pueda suceder.