Vengo de Correos de hacer varios envíos, y observo con sorpresa, no exenta de indignación, como la carta ordinaria ha subido de 65 céntimos a 70, es decir alrededor de un ocho y medio por ciento…

Y así el resto de los servicios, y algunos todavía más.

Pero no sé de qué me extraño.

Es lógico y natural.

El actual director general de Correos, don Juan Manuel Serrano Quintana, que debe de pensar que es un regalo de Dios a la empresa, o un premio gordo de la Lotería Nacional –gordo sí que está-, parece ser que está construyendo su “despacho oval” en la planta noble del nuevo edificio central de la empresa nacional, en pleno barrio de Salamanca de Madrid, faltaría más.

Con un coste de “solo” un millón de euros, y a cinco céntimos por carta ordinaria de subida, imaginen ustedes la cantidad de cartas que tendremos que enviar para pagarle el despacho…

Mientras tanto, los carteros trabajan como burros, en la expresión más noble y sufrida del término, llevando unos carros gigantescos, que hasta dudo que muchos carteras puedan llevar, cargados de paquetes, que ya solo falta que repartan árboles de Navidad, o jamones de bellota.

¿Pero en qué país vivimos?

Solo con lo dicho (vid. el diario “El Cierre Digital” con abundante información sobre las “fechorías” del actual director general), habría motivos más que suficientes para cesarle, rápidamente, del cargo que okupa, pero que no ocupa, al menos de una forma lógica, natural y ordenada.

Claro que la culpa no es solo suya, que también, sino, sobre todo, de los que le han nombrado, que supongo será el Consejo de Ministros, a propuesta del inefable Ábalos, el hombre de los dudosos negocios millonarios, con la compra masiva de trece millones de mascarillas por medio de la empresa “Soluciones de Gestión y Apoyo a Empresas, S. L.”, Proveedores Oficiales de Casa Ábalos…

Ábalos, el hombre al que se adjudicaron tres administraciones de loterías en Requena, Valencia, y las quebró las tres, pagando a sus ex empleados con cheques sin fondos, según se ha publicado en varios medios.

Pero eran otros tiempos.

Ahora Ábalos está montado en el euro, y sus “negocios” van viento en popa…, camino de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, dónde ya ha sido debidamente denunciado, entre otros, por el que suscribe.

Que yo no tiro la piedra y escondo la mano.

En fin, ¿de dónde ha salido éste Juan Manuel Serrano…?

¿Por qué no le ponen a repartir, en uno de los barrios más degradados de Madrid, tipo la Cañada Real, a ver si así espabila un poco, y se entera de la realidad?

Pero, eso sí, bien comido y bebido, que tirar de uno de esos carros gigantescos, con montones de kilos de peso, es una heroicidad diaria, por la que quiero manifestar mi afecto, respeto y agradecimiento a todos y cada uno de los carteros de a pie.

Las personas que sostienen a la empresa, dicho sea de paso, y no los caciques, que solo gastan y malgastan, en ocurrencias y paridas, a cual más estúpida.