Desde que el Rey huyó por la carretera de Cartagena en las postrimerías de aquel 14 de abril de 1931 el chupinazo del Terror Rojo le abrió los toriles a la muerte socapa de una bayeta tricolor, devenida bandera de la negación de la Patria, de una ideología bárbara de la que el exterminio es código y legítima expresión de la voluntad popular y de una derecha política envilecida en su cobardía y taimada en sus académicos saberes, que se arrodilló para incentivar el pánico de Alfonso XIII trayendo a hombros la II República mientras la izquierda contemplaba con pasmo y paciencia, desde los sótanos en los que aún vivaqueaba, cómo esa derecha cultivada en los ateneos y entrenada en la cobardía le regalaba el patíbulo en el que durante el lustro siguiente, con la bayeta tricolor en las azoteas de las chekas, España iba a ser el anfiteatro de sí misma a manos de verdugos nacidos de su útero. La tragedia en todo su esplendor. Esquilo, pletórico a través de milenios de Historia y de Cultura viendo cómo la madre muere a manos de sus hijos, los unos armados de cobardía política y de tibieza intelectual y los otros de bárbara ferocidad revolucionaria y de antropofagia fratricida. El Caín Rojo señoreando los predios de Santiago Apóstol; eso fue la II República.

Eso y, sobre todo, así fue la II República con su modus operandi del Terror Rojo y su modus vivendi en el matadero, en sus salas de espera y en sus salas de despiece con el fin de instaurar en España otro paraíso comunista espejo de la URSS. La izquierda, borracha de vino y crueldad, y la derecha, untada de modales versallescos, empecinada en interpretar la civilizada farsa democrática y republicana, llevaron a la Nación, por acción y por omisión, a la inapelable condena por el imperdonable delito de su Nombre y de su Historia, de su Imperio y de su Apostolado: la Patria colgada en el patíbulo de la Puerta de Alcalá bajo el infamante INRI del “Viva Rusia, muera España”.

La honda marca del arado soviético y la lacerante erosión del terror comunista hicieron que de las llagas de España naciera la redención en esa unción sencilla, moral, silenciosa con la Patria. La Fe robusta de fondo campesino y la mística de España, no el mito, fueron el último refugio, como lo fue para Nietzsche, de los patriotas que el 18 de Julio de 1936, unidos por afinidades telúricas, oyeron la voz de Covadonga y del 2 de Mayo de 1808 esculpida en los clarines de sus relojes y de sus calendarios y se alzaron. Se despidieron del Terror Rojo como quien besa a la muerte en los labios y se sublevaron tras el Águila del César, que ya cruzaba el Rubicón por el Estrecho de Gibraltar. No fue solo Francisco Franco, es cierto. Tan cierto como que sin él nada hubiera sido posible. ¡Viva Cristo Rey, Arriba España y Viva Franco!