San Pablo nos dijo: "Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe (...) Si nosotros hemos puesto nuestra esperanza en Cristo solamente para esta vida, seríamos los hombres más dignos de lástima". (I Corintios 15,14) Pero Cristo sí resucitó, eso es lo que hoy celebramos, la Redención de la Humanidad, ya que la Resurrección de Jesús garantiza que todos nosotros (naturalmente, aquellos que vivan en Gracia de Dios) también resucitaremos en cuerpo y alma.

Siguiendo todavía a San Pablo en su primera Carta a los Corintios, encontramos este párrafo revelador: "Les voy a revelar un misterio: No todos vamos a morir, pero todos seremos transformados. En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, cuando suene la trompeta final –(porque esto sucederá–) los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros seremos transformados. Lo que es corruptible debe revestirse de la incorruptibilidad y lo que es mortal debe revestirse de la inmortalidad". No seremos espectros ni fantasmas, sino que encontraremos nuestro propio cuerpo transformado gracias a la Gloria de Dios.
 
Tras las tinieblas y el llanto del Viernes Santo, y el silencio del sábado por las lágrimas de la Santísima Virgen, hoy el pueblo de Dios celebra con alegría que Cristo ha vencido a la muerte y al pecado. Que la promesa del Padre se cumplió, y el Hijo, tras bajar a los infiernos para recoger a todas las almas justas, subió a los Cielos y nos acompañará para siempre, hasta el último día de nuestras vidas. Por eso hoy ningún cristiano debe disimular ni esconder su alegría, porque hoy es la Fiesta que da sentido a nuestra Fe.
 
Si hoy el mundo es un lugar oscuro e injusto, donde la mentira y la iniquidad han hecho morada permanente, donde la guerra, el egoísmo y la maldad son las notas dominantes, es sin duda, y como causa principal, por el olvido de Cristo y del pecado. Por haber elegido el peor de los caminos, el que Jesús nos dijo claramente, durante sus tres años de vida pública, que conducía a la condenación eterna. Un mundo dominado por la masonería anticristiana y por los gurús del capitalismo salvaje que han convertido al dinero en el dios pagano ante el que todos se postran. El anticristo que asegura a sus adeptos un sitio de privilegio en el averno.
 
Quienes se pasan la vida errando del marxismo al capitalismo y viceversa no encontrarán jamás un modelo que garantice la felicidad, y lo que es aún más importante, la salvación de las almas. Esos modelos han quedado refutados y periclitados por el paso del tiempo, y hoy son dos zombis que pululan por el mundo gracias a la propaganda que todavía les hacen los partidos políticos y los charlatanes mediáticos. Pero no. No están en el socialismo ni en el capitalismo salvaje la salvación y el futuro del planeta y de la humanidad.
 
Miren esa Cruz, hoy felizmente vacía. Y miren el Santo Sepulcro, donde sólo han quedado el sudario y los vendajes del Cuerpo de Jesús. Nuestro Salvador ha resucitado, Aleluya, Aleluya. Solamente tenemos que hacer una cosa, con toda certeza, en esta vida: imitarle a Él. Seguir los consejos de Tomás de Kempis en su obra más famosa, seguir los pasos de Jesús en los evangelios. Saber que no hay cruz en vano, y que después del gran fracaso del Viernes Santo llega la Resurreción y la Gloria eternas. Así debe ser también para nosotros.
 
Feliz Pascua a todos los lectores de El Correo de España.