Mañana, 28 de diciembre, se celebra el Día de los Santos Inocentes, una fecha que ha convertido el relativismo moral adocenante, en una especie de “fiesta de la broma”, por ser garantía de veracidad en lo que pensamos y aceptación de la información recibida. El origen de esta tradición, como tantas, está en el cristianismo y tiene que ver con la matanza de niños, ya nacidos. El recuerdo de Herodes persiguiendo a un niño nacido en Belén, nos encogía el animo, por la barbarie que suponía el matar la inocencia indefensa. ¿Cuantos Herodes desgobiernan hoy el mundo, regulando el aborto, “asesinato de niños en el vientre de su madre”?

Entonces se amparaban en la facultad omnímoda del Rey sobre la vida y hacienda de sus súbditos. Hoy, aún mayor perversión, se escudan en la voluntad de una madre qué, en su indigencia moral, desea impedir que habite entre nosotros su hijo fecundado. Ese inocente niño, ¿en virtud de qué derecho humano no merece vivir? En ambos casos, en el histórico y en el actual, subyace un demoníaco ataque a la creación y al Creador.

La tradición católica y el Evangelio de San Mateo señala qué hace más de dos mil años  el Rey Herodes, para preservar su poder, ordenó matar a todos los niños menores de dos años en Belén, Judea, entre los que se encontraba el anunciado Mesías, futuro Rey de Israel, pues de acuerdo con otros reyes, Reyes Magos, habían visto aparecer una estrella y recordaron la profecía del Antiguo Testamento que decía: "Cuando aparezca una nueva estrella en Israel, es que ha nacido un nuevo rey que reinará sobre todas las naciones". A partir de ese genocidio y del actual, permanente e incrementándose, sólo cabe conmemorar el día de los Santos Inocentes, con horror, dolor y tristeza; dejando las Saturnales romanas para la chanza y la agricultura.

Los crímenes que hoy consentimos, son “vidas inocentes” que claman contra esta “civilización de la muerte”, fomentada por la incultura del odio, el vacío del resentimiento, el egoísmo de la razón y la perversión de la naturaleza. Ese mañana de la broma; esa inocentada personal y televisiva, y esa recaudación con fines benéficos, solo sirve de anestesia a una conciencia habitualmente acomodada, temporalmente confundida, pero nunca dormida, que urge recuperar para el amor, la ilusión, la vida y el progreso. Mañana, antaño como hogaño, no cabe otro humano recuerdo que no sea “el de todos los inocentes asesinados en el mundo”; recordarles, como hijos de Dios, su humano atributo y dignificar su existencia, evitando que siga fomentandose en el mundo esta “revolución patibularia”.

Cómo explicar a este deshumanizado mundo, lo que es vivir. Cómo hacer sentir a la mujer procreadora el destino del “Creador”, dotando su naturaleza de la facultad de gestar un ángel para alumbrarlo en la eternidad. Cómo influir en el hedonismo egoísta de nuestros gobernantes para que cultiven la unidad suprema de la vida y el ritmo natural del progreso. Cómo persuadirles de la gravedad de tener un corazón alado frente a los más vulnerables, a quienes no se pueden defender.

Exorcizar este tiempo, condenado a cadena perpetua, por la contra cultura de la muerte. Abrir la ventana del alma inmortal, del espíritu creador, de la voluntad salvífica para oponer e imponer la civilización humanista a la falsaria civilización racionalista; y la cultura en la nación. No puede haber indiferentes ante el aborto o la eutanasia; quienes les sirven, se odian, y envilecen su existencia con los peores crímenes. No han llegado a comprender que en toda vida se esconde una semilla de eternidad, y se prestan a cortarla.

Como la vejez es una segunda infancia, quieren cerrar el circulo de la vida, decidiendo sobre su principio y fin. En 2019 el número de crímenes, llamadas interrupciones voluntarias del embarazo, ascendió a 99.149 personas. Y ese criminal comportamiento viene amparado por una Ley Orgánica y bajo el eufemismo de “salud sexual y reproductiva”. ¡Nadie se escandaliza! Acaba de aprobarse una Ley para la eutanasia; es decir, se dota al estado del derecho a decidir cuando debes morir, dejar de cobrar una pensión, de ocupar un puesto en el INEM, o de continuar ocasionando más gastos sanitarios, sus derivadas. 

El desvalor viene triunfando en España bajo la ideología social comunista, en complicidad con el liberalismo prejuicioso sin alternativas culturales, ni sociales, que inunda el panorama político de la derecha en España. Ambas, como la llama y el leño, se consumirán en la pira funeraria de la muerte, porque somos mucho más que naturaleza corpórea en un tiempo vital. Coincido con D’Ors en su aforismo: “Al alma no se le muere ningún esposo, sin dejarle un hijo póstumo en sus entrañas”. No estaremos defendiendo una vida sin alma, muerta por definición.

No existe el derecho de matar a un feto o a un enfermo o anciano, no es progreso, es regreso a la incivilización. Mañana, día de todos los inocentes asesinados por todos los Herodisíacos que en este mundo han sido, y siguen impertérritos su camino de destrucción hasta el final de los tiempos, en que serán definitivamente derrotados y juzgados; solo cabe la enseñanza de la Gaviota: “Hay que volar todos los vientos de todos los mares, pero hay que procrear en un nido”. La creación es un misterio, pero no una metáfora sujeta a cualquier enmienda o interpretación. Encaucemos en estas Navidades su mística redentora.