Cuando un imbécil llega al Poder es porque sus votantes están muy bien representados”. La frase de Gandhi es una enmienda a la totalidad contra el tonto del voto que, en manada electoral, acude a las urnas a entronizar en el Poder al tonto que los pastorea, al tonto con labia de buhonero que los encandila con su dialéctica cantinflera colgando de sus pescuezos consignas como cencerros. El rebaño modorro siempre elige al imbécil más lenguaraz. Es axiomático.

Si Gandhi hubiera conocido España habría constatado la precisión matemática, exacta, inapelable, de su breve y certero análisis sobre el imbécil singular que llega al Poder a hombros de una plural multitud de tontos que creen que las urnas son la epifania de la Arcadia Feliz, la democracia el pentecostés de la sabiduría popular, y el imbécil al que llevan en andas el mesías de la libertad, la igualdad y la fraternidad. En España, Mahatma Gandhi, no hay pupitres ni tizas para tanto tonto, por eso el primer imbécil, a derecha o a izquierda, que se encarama a la tarima para enseñarles a deletrear a-mo-to se mete el Poder en el zurrón como los bramanes indios se meten en el Ganges. Ellos reverencian a las vacas, nosotros a Pedro Sánchez a Pablo Casado o a cualquier otro Rufián aldeano que enseñe a la manada a descalzarse para contar hasta veinte.

El imbécil ontológico pronosticado, descrito y diagnosticado por Gandhi y que hoy (mañana vendrá otro que le hará bueno) derrama su incuria y su vileza desde los jardines de la Moncloa como se derrama el pus de una infección, acaba de proclamar urbi et orbi la patológica y mezquina idiotez que almena su alma de cántaro e ilustra su lengua de cretino clínico exigiéndonos reverencial gratitud porque “nos ha vacunado a todos sin preguntarnos ni en qué creemos ni a quién votamos”. Romanones compraba votos a peseta en sus predios de Guadalajara, Pedro Sánchez los compra con vacunas que hemos pagado nosotros en sus latifundios electorales, en los que hay más tontos que aceitunas. España es un caso demográfico único en el mundo: con cuarenta y siete millones de habitantes censados hay miles de millones de tontos estabulados. Por eso los imbéciles están siempre en el Poder. Cuando al pueblo se le cae la baba en las urnas lo que sale de ellas es Pedro Sánchez o Pablo Casado, que tanto monta.