La inmensa mayoría no es garantía de verdad. Más bien es la verdad la que sí puede hacer a la mayoría, en virtud de su autenticidad. Por eso la mayor religión en el mundo en número es la católica.

La mayoría, puede fácilmente condenar a Cristo, y vociferando en masa pedir la liberación de Barrabás. ¿Eso es la democracia?

¿Amnistía Internacional no tiene credo? Eso dice en uno de sus postulados ni religioso ni político.

En ese caso, ¿desde qué postulado actúa?

Y si no cree en nada, ¿cómo busca defender a los “presos de conciencia?

Si no tiene concepto claro del valor de la vida humana, ¿Por qué condena la pena capital justa?

No sabe que es o quien es el hombre, si materia animal, materia vegetal o creado por un ser superior.

Dice que tiene “dignidad intrínseca por el hecho de pertenecer a la especie humana”.

¿En qué cifra la dignidad que no tengan otras especies?

La dignidad es una categoría de orden moral, por la cual uno se hace merecedor de premio o de castigo.

¿Bajo qué moralidad juzga la moralidad sin creer en moralidades?

Amnistía Internacional tiene el credo de que no tiene que tener credos. Es pues, una postura inmoral por amoral. Peor que “amar a Dios o a las riquezas” es no amar a nadie, ni a nada.

¿Qué pinta entonces? La desnudez física es una obra de arte al lado de la desnudez de la miseria moral.

En la carta a las escuelas dice: “Tenemos que respetar y amar esta hermosa existencia que por amor se nos da”.

¿Por amor de quién?

¿En  nombre de qué credo?

“La peor de las injusticias, es la justicia simulada” –dijo Platón-.

Es el peligro de la justicia parcial que oculta las injusticias más camufladas.

Defender a los presos de conciencia, no lo es todo por su parcialidad, fruto de su miopía de la justicia completa, aparte de que hay conciencias muy egoístamente deformadas.

Hay muchas cárceles sin rejas y de eso, no parece enterarse Amnistía Internacional.

Unos Derechos sin Deberes, pueden servir para que unos cuantos posean en propiedad privada todos los derechos y la inmensa mayoría de inocentes, posean como único patrimonio reconocido, todos los deberes.

No le interesa a Amnistía Internacional el concepto estricto, sino la oratoria, que es a la filosofía, lo que la cocina a la medicina –en comparación socrática-: agrada al oído, pero no dice verdades.

Una sociedad que no pueda contar con la violencia, ni siquiera la justa, sería una sociedad o imperdonablemente injusta, o angelicalmente ingenua.

No cabe término medio. Amnistía Internacional es mucho lo que desfavorece y muy poco lo que favorece y defiende. Es como esas personas que con fama de mentirosas, decimos que solo dicen una verdad cuando se equivocan.

En la carta a los escolares, dice: “Amnistía Internacional no aceptará la violencia ni su defensa, porque la conducta civilizada, no recurre a la violencia, que jamás puede justificarse”.

Un simplismo angelical, utópico e irracional.

¿Es más civilizado dejar proliferar vagos, mangantes y maleantes destructivos de todo el tejido social?

Destruir, es más fácil que construir y hacen falta menos, para desorganizar una sociedad que para perfeccionarla.

¿Solo se ocupa Amnistía Internacional de la violencia injusta externa y no se ocupa del terror y sufrimientos de los amenazados de muerte, de los empresarios que en solitario sufren su angustia psíquica por sus amenazas e impuestos revolucionarios…?