La marcha de Mariano Rajoy ha provocado el enrarecimiento en el ambiente del PP, cuyos componentes tienen muchos motivos para mostrar preocupación. El repentino cambio de la situación, ocasionado por la sentencia de la Audiencia Nacional que condenó al PP como partícipe a título lucrativo, ha generado espasmos y convulsiones que amenazan con hundir a la formación que hasta hace unas semanas controlaba el Gobierno. Para evitar ese efecto tan desastroso, se ha optado por una solución democrática, que, aunque resulta muy novedosa, podría ser peor que el problema que ha motivado su aplicación.

La celebración de un congreso extraordinario para elegir al nuevo presidente del PP ha incrementado el miedo frente a la posible virulencia que podrían llegar a alcanzar conflictos que estaban siendo controlados con mayor o menor fortuna. La pugna entre María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría está siendo bastante cortés, pero nada impide que, con el transcurso de los días, pueda llegar a aumentar la diferencia entre posturas y la conflictividad entre ambas.

Viendo el desarrollo de los acontecimientos, el PP va como un niño con un bote de nitroglicerina en las manos, que podría caerse en cualquier momento. La fuerte rivalidad de dos dirigentes con tanta personalidad como Soraya y María Dolores ayuda a vislumbrar esa imagen, cuya peligrosidad aumenta al pensar en el lío de Pablo Casado por su titulo de máster y en la posibilidad de que pueda haber otros contendientes en el Congreso extraordinario que puedan acabar interviniendo en el proceso de elección de un modo que perjudique gravemente la imagen del partido.

El artículo 6 de la Constitución establece que la estructura interna y el funcionamiento de los partidos políticos deberán ser democráticos. En el PP han estado ignorando ese precepto mientras han querido y se han encontrado con una desagradable sorpresa en el momento de aplicarlo: la democracia en los partidos políticos requiere tradición y un fuerte compromiso, de forma que puedan debatirse diferentes posturas sin provocar la destrucción de la formación. Precisamente, la falta de tradición y la ausencia de un fuerte compromiso han provocado que se teman en el PP una explosión que desmorone su organización.