Nuestros señores diputados no tienen vergüenza.

O al menos algunos, con la presidenta, Meritxell Batet, a la cabeza.

Leo, escucho y me asombro con la noticia de que el Congreso de los Diputados abrirá sus puertas la próxima nochebuena para repartir alimentos a personas sin hogar y en riesgo de exclusión social. Parece ser que, al no poder celebrar una cena, digamos normal, a causa del coronavirus, el acto consistirá en la entrega de comida preparada para llevar «a última hora de la tarde del día 24 de diciembre, así como, eventualmente, de un pequeño obsequio institucional». Para la entrega el Congreso abrirá excepcionalmente sus puertas esa tarde y la señora presidenta buscará voluntarios entre diputados y personal de la cámara. Además, qué buenos son, el Congreso correrá con todos los gastos.

 

 

¿Y por qué digo que no tienen vergüenza si parece un acto de lo más bueno y solidario? Vamos por partes.

1. El acto de la tarde del 24 de diciembre en el Congreso no es más que un reconocimiento público de la inutilidad de sus señorías. A sus señorías se les elige y paga no para que repartan bolsas en nochebuena, sino precisamente para que no haya que hacerlo. Pagamos unos buenos sueldos para que en España pueda vivir con dignidad todo el mundo, la gente pueda cubrir sus necesidades básicas como son trabajo, vivienda, educación, sanidad, ocio y el derecho a la libertad religiosa. Pagamos sueldo para que sean atendidos los más vulnerables. Si los señores diputados tienen que repartir bolsas de alimentos eso quiere decir que no cumplen con su obligación y que en ese caso lo mejor que pueden hacer es dimitir, especialmente los que gobiernan y los que acaban de aprobar los presupuestos.

2. Para entregar unas bolsas y el pequeño obsequio institucional, los pobres tienen que presentarse en el Congreso, acompañados, por supuesto, de la correspondiente nube de cámaras y fotógrafos. Mucho más sencillo es llevárselo a domicilio, pero la foto es la foto y unos cuantos pobres con el P. Ángel y su corbata roja en el Congreso es publicidad que agradecen los unos y los otros.

3. Los políticos voluntarios, empezando por la señora presidenta, bien podrían ofrecer como obsequio la lista de los emolumentos de cada uno de ellos, para que los pobres sepan que la señora presidenta, tan amable ella, se lleva 230.930,98 euros brutos al año, y que el diputado más raso no baja de los 5.000 entre sueldo, comisiones, prebendas y otros gastos. Es decir, señor pobre que ha venido esta tarde para que nos hagamos la foto solidaria, que sepa que gracias a su voto nos embolsamos miles de euros al mes, lo que usted no ha visto en su vida, y para no solucionarle gran cosa.

4. También deben explicar a los pobres que mientras que a ellos un café en la cafetería más económica les cuesta 1,25 €, en el bar del Congreso sus señorías se lo toman por 0,95, pueden desayunar por 1,15 y tomar el menú del día siempre por menos de 10 euros. Buena labor sería dar a esos pobres un pase para que puedan acceder al bar del congreso y beneficiarse de los mismos precios que sus representantes políticos.

Va a ser enternecedor. Unos políticos, incapaces de garantizar el bienestar y la paz en toda España, con la cartera más que repleta con miles y miles de euros, y encima disfrutando de una muy buena cafetería SUBVENCIONADA con 1.200.000 euros anuales para que sus señorías puedan tomarse sus cafés y sus menús a precio de risa, recibiendo en el Congreso a unos cuantos pobres, para darles una bolsa con comida y un regalito, hacerse la foto y vámonos a cenar tranquilamente a casa.

Ah, y todos los gastos los paga el Congreso, ni siquiera los diputados de su bolsillo. Esa noche nos contarán en todos los noticiarios las bondades de sus señorías, y con un poco de suerte harán conexiones en directo desde todas las televisiones.

Me cabrea y mucho, porque me parece que esto es reírse de los pobres. Si a ustedes, señores diputados, les preocupa la pobreza, trabajen, legislen. Si a ustedes les preocupa la gente, si ustedes son solidarios, bájense el sueldo y paguen la cafetería sin subvenciones, que bien pueden. Y a los que estamos en el otro lado, acompañando a los pobres, lo que nos toca no es ir en autobús o taxis al Congreso a recibir una limosna más mientras sonreímos y recibimos una palmadita en la espalda por lo buenos que somos, sino ir solos a Moncloa, a la Carrera de san Jerónimo o a la Zarzuela a llamar sinvergüenzas a los que no hacen nada por remediarlo, aunque nos cueste ser declarados “persona non grata”. Es lo que tiene comprometerse de verdad con los débiles.

Artículo sacado de: https://www.infocatolica.com/blog/cura.php/2012050554-nuestros-senores-diputados-no