Exista o no el virus, exista o no la covid-19, una bicéfala mafia genocida - los diversos leviatanes ligados a vigorosísimos intereses económicos internacionales- ha aprovechado que el Pisuerga pasa por Pucela para someternos mundialmente a un experimento psicológico militar y poder domarnos definitivamente.

Verdaderas pandemias: miedo y mentira

Todos los nodos de poder, estatales o privados, en el ajo, desde la corrupta Farmafia hasta los cárteles alimentarios pasando por medios de desinformación, fondos de inversión, entidades bancarias, eléctricas o petroleras. Y el Estado con sus respectivos brazos armados perfeccionando el espanto. Las verdaderas pandemias: miedo y mentiras perpetuos. Con sus secuestros domiciliarios, inopinados y por tiempo indeterminado, humillando a la población mundial, aguardan a próximos golpes exterminadores, cual la vacuna, con su probadas inutilidad, ineficacia y letalidad.

Otras plagas y pestes periódicas me preocupan más. Las verdaderas y comprobadas. Por ejemplo, cómo se ha aniquilado a los mayores, practicando una eutanasia de Estado, selectiva, de tintes eugenésicos. Han conseguido, sobre todo, que pueblos enteros renunciaran a la cada vez más mermada libertad de la que nos regocijábamos, renunciando a ella en aras de una falsa seguridad/salud con la que nos han cañoneado desde sus sentinas de desinformación.

Covidiotas, reacción

Los perrodistas, con los inconmensurables "verificadores" a la vanguardia del horror dictatorial, expelen mierda intelectual para justificar y legitimar todas las totalitarias medidas militares, policiales y represivas contra cualquier intento de preservar mínimamente las libertades de opinión, expresión, manifestación, culto y circulación. Y contra el combate honorable descubriendo las sustancias y actividades que envenenan a los humanos y que intoxican tierras y océanos, flora y fauna.

Mientras, a la remanguillé, alquilan, compran o arrasan, preferentemente mediante el ninguneo, a quienes desobedecen sus designios. Es decisión personalísima, de cada uno de nosotros, no someternos, bajo ningún concepto, ni permitir que sojuzguen a nuestros hijos, quien los tenga, y a nuestro entorno, a tan ominoso destino. Mascarilleros, reaccionad. En fin.