A lo largo de mi vida he oído a muchos imbéciles hacer el elogio de la inteligencia, a muchos ladrones componer madrigales a la honradez, a muchas golfas entonar cantos homéricos a la castidad, a numerosos sarasas recitando sonetos a la voluptuosidad femenina y a muchos tiranos haciendo cantar a sus esclavos himnos a la libertad. Pero jamás había visto algo tan estúpidamente hipócrita ni tan grimosamente cobarde como el PP de Rajoy y de su paje, Pablo Casado. Produce el niñato, que aún lleva los pañales del gaitero de Pontevedra, una sensación alucinógena nacida de la equilibrada pócima compuesta de risa y asco envejecida en sus escaños parlamentarios y en la solera de sus errores. Errores que, en política, como afirmaba Talleyrand, son peores que el crimen. De ahí que lo más detestable e incomprensible de la pasión del paje de Rajoy por la tibieza, que no por la templanza, no sean sus crímenes sino sus errores.

Pablo Casado es un tibio, un débil y un mediocre que acaba de perpetrar un error criminal: abstenerse en la votación que autoriza al binomio de la incuria y la tiranía comunista Iglesias-Sánchez a prolongar el Estado de Mazmorra que, después de robarnos la salud, la vida y el trabajo, nos robará sine die la libertad socapa de ese sentimentalismo pueril que llena los balcones de España de aplausos oligofrénicos. Con sus bolsillos colmados, sus urnas menguadas y su escroto vacío, Pablo Casado no se atrevió a votar NO y se refugió en la abstención, el puerto de abrigo en el que atracan todos los cobardes que quieren contemplar la batalla sin mancharse, sin sudar y sin sangrar, pero pudiendo decir que estuvieron allí.

Iglesias y Sánchez carecen de escrúpulos y Pablo Casado de auténticos valores, porque lo que él proclama como valores no son más que consejas democráticas de tolerante parvulario. El paje de Rajoy ha sustituído la Politica por las abstracciones ideológicas de la escuelita de verano de FAES, a la que acude el desecho de tienta de la derecha sociológica a deformarse, aún más, para formarse como concejales, diputados, europarlamentarios o presidentes de lo que sea, preferentemente del Gobierno de España.

Decía Mirabeau que Luis XVI, en el ocaso que le condujo a la guillotina, solo tuvo un hombre a su lado: María Antonieta. A Pablo Casado le pasa lo mismo, sólo tiene un hombre a su lado: Isabel Díaz Ayuso. Por eso, veinticuatro horas después de que el paje de Rajoy le regalara su cobardía envuelta en abstención a la Diarquía Iglesias-Sánchez, el Robespierre de mercadillo, sin levita y sin calzas, orgulloso heredero de todos los crímenes del comunismo, que gobierna en España porque gobierna sobre el Narciso ególatra de la Moncloa, ha emprendido la operación de acoso y caza de la Presidenta de la Comunidad de Madrid. Pablo Iglesias sabe que Pablo Casado es un aliado tan tonto y tan útil como el Padre Ángel, como Inés Arrimadas y como Jorge Javier Vázquez. Produce risa y asco. Que Isabel Díaz Ayuso le cambie los pañales del gaitero de Pontevedra y le enseñe a ser un hombre. Un hombre como ella.