El peor diagnóstico y el más nefasto pronóstico son los que auguran las PCR de las encuestas electorales. De todas. Tanto las que se hacen introduciendo el bastoncillo demoscópico por la fosa nasal derecha como por la izquierda vaticinan, tras un sesudo análisis de la mucosidad política de los españoles, un nuevo triunfo del PSOE, el partido que se gastaba el dinero de los parados andaluces en putas y cocaína, que robó el oro del Banco de España, que asesinó a José Calvo Sotelo, que indulta a los hispanicidas separatistas catalanes y que llora en los escaños del Senado porque una inmundicia etarra se ha colgado del gaznate en la cárcel.

Un partido que es un saco de pus, de sangre y de mierda, con una larga e indecente historia que abrasa con acercarse sólo a mirarla y que, con su cerril incuria, está colmando de muertos y de parados los cementerios y las fábricas, va a ganar en las urnas según amenazan todos los oráculos de las PCR electorales gracias a esa masa gelatinosa y pútrida que son los mocos políticos de la mayoría de los españoles.

Ganará por mayoría simple y gobernará gracias a que la escoria comunista, separatista, nacionalista y regionalista de aldea y campanario sumarán sus mocos electorales a los escaños del PSOE porque, en España, la suma de la canalla parlamentaria es siempre superior a la de los tontos y los cobardes de la derecha. Por eso la democracia española carece de sistema inmunológico y aboca siempre sus plebiscitos a la destrucción física y psíquica de la Nación, empeñándose en que los cirujanos de hierro no aprueben el MIR.