Antes de que el coronavirus hubiera llegado a España, en cualquier municipio que se hubiera producido un suceso que costara la vida a más de uno de sus vecinos, si el alcalde, junto con su corporación municipal, hubiera tardado más de una hora en decretar luto y que las banderas ondearan a media asta, ya se podía atar bien los machos de la que le esperaba.

¡Y qué decir de las televisiones! Sólo escucharíamos palabras de apoyo a las víctimas y nos exhortarían a solidarizarnos con los perjudicados de la tragedia. Si el suceso diera para varios días, no faltaría permanentemente un lacito en cualquiera de las dos esquinas superiores de la pantalla a todas horas para que nos olvidáramos de los fallecidos. Y por supuesto, a todas horas, veríamos repetidas las entrevistas a vecinos, amigos y familiares, lamentando las pérdidas humanas que se hubieran producido, por no hablar de las materiales, que será en otra ocasión.

A causa del coronavirus, en España hemos sobrepasado los 20.000 muertos oficiales. Seguro que son más, porque está en cuestión el sistema de cómputo que cada ayuntamiento o comunidad autónoma aplica, y no voy a entrar en ello, que tiempo habrá. Más de uno se habrá preguntado: ¿Cuántos ayuntamientos han arriado en señal de luto sus banderas? ¿Por qué no hay un lazo negro en señal de duelo en alguna televisión? ¡Qué raro! ¿Es que nadie llora a los muertos por coronavirus? ¿No hay vecinos a los que haya afectado alguna muerte?

La única explicación que encuentro es que, al final, se quiera o no, los muertos son la prueba palpable del “éxito” de la gestión sanitaria y política de esta crisis y como, hoy por hoy, la cifra de fallecidos estropea la versión oficial de lo bien que se está haciendo, hay que pasar a estas noticias el “Photoshop” para pulir las “imperfecciones” y, a ser posible, que no se vean. No les descubro nada nuevo si les digo que parece más que evidente la intención de los políticos de minorar la tragedia humana que supone para muchos de nosotros, la pérdida de seres queridos, deshumanizándola.

Una prueba. El Presidente de la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha, el socialista Emiliano García Page, trató con gran sensibilidad y respeto hacia nuestros mayores la cuestión del coronavirus: “El problema no está en las residencias. No nos engañemos. En las residencias no están las personas válidas que pueden bailar o que cantan por la noche. No, no, no. En las residencias está la gente que está muy malita, muy malita". Y, por si no había sido lo suficientemente explícito, continuó: "Por la propia ley de dependencia española, las residencias acogen a gente que prácticamente no se puede mover, que tiene más de 90 años y son grandes dependientes. Por lo tanto, estamos hablando de gente que, en casos normales, con una gripe normal ya hubieran muerto". Me gustaría que en la próxima campaña electoral, cuando visitara residencias de ancianos para pedir su voto y meterles miedo con que si no votan al PSOE iban a peligrar sus pensiones, alguien tuviera a bien reunir a todos los ocupantes, familiares y el personal sanitario que los atiende, y pasara el video con sus palabras quince minutos antes de que llegara. Sólo eso.

El resto de fallecidos, dijo que no eran de su incumbencia. ¡Como lo están leyendo!: “Como estamos en un sistema democrático, desde el momento que alguien fallece ya no es un problema del sistema sanitario, es un problema, o del Registro Civil, o de los jueces”. Como diría aquel funcionario prototípico, “ése no es mi departamento”. Ya saben los castellano-manchegos cuánto le importan a su Presidente: sólo mientras vivan y puedan votar porque, una vez muertos… Y mucho menos si le hacen quedar mal.

Y el mejor ejemplo de la intención de evitar hablar de los muertos, o de por qué no se pone un crespón en cada una de las banderas de España de los organismos oficiales, o por qué los ministros y el Presidente del Gobierno no lucen corbatas negras en señal de respeto por los fallecidos en la pandemia de coronavirus, la ministra de Hacienda y al mismo tiempo Portavoz del Gobierno, María Jesús Montero, también socialista y del mismo partido que Emiliano García Page, manifestó que, en su muy autorizada opinión, el mejor tributo que se les puede hacer a los fallecidos es el de no hablar de ellos y que cada uno nos pongamos a trabajar contra el virus y evitar que haya más pérdida de vidas humanas.

Y yo, escuchando a ambos, me he quedado mucho más tranquilo. Como supongo que le habrá ocurrido a la mayor parte de ustedes. Por favor, cuando llegue el momento, recuérdenlo y no olviden al partido al que pertenecen.