El año pasado el presidente mexicano, el populista López Obrador, pidió por carta al rey de España y al Papa Francisco que se disculpasen por los abusos cometidos por los españoles durante la conquista de América. La cosa tiene guasa si pensamos que ya hace doscientos años de la independencia de México y que su convulsa historia posterior está llena de guerras civiles, asonadas militares, revoluciones y una inmensa corrupción endémica en todos y cada uno de los gobiernos de cualquier signo que se han sucedido. Hoy en día, México es uno de los países con mayor inseguridad del mundo, con 35.588 homicidios contabilizados en 2019, resultado de una gobernanza de la que, que se sepa, Hernán Cortés no ha formado parte.

Pero más sencillo que asumir las responsabilidades propias es acudir a la demagogia de la larga tradición de mentiras y falsedades de la Leyenda Negra. Forjada, primero por italianos, franceses, ingleses y flamencos, cuando se enfrentaban al Imperio español, leyenda fabricada a base de exageraciones y omisiones, que una vez abatida España como imperio ha continuado porque servía a la supremacista visión del protestantismo anglosajón y su “Manifest Destiny” para calumniar la cultura hispana y católica. Posteriormente el marxismo también ha hecho suyas las tesis de la Leyenda Negra como arma propagandística anticapitalista, usándola como ejemplo de la opresión imperialista de los europeos sobre los pueblos del tercer mundo. Tras la crisis de las ideologías de la posmodernidad y la fragmentación de las grandes causas sociales en un mosaico de reivindicaciones de minorías, a la Leyenda Negra se le ha sumado el indigenismo, corriente de pensamiento que mitifica a las tribus precolombinas, cuya armoniosa vida fue destruida por culpa de los codiciosos conquistadores españoles y cuyas ricas culturas fueron aniquiladas por los intolerantes evangelizadores católicos.

En España, cómo no, la ultraizquierda abraza con fervor las tesis de la Leyenda negra y califica de genocidas a Colón, Cortés o Pizarro, demoniza cualquier gesta de los conquistadores y escupe sobre la labor evangelizadora. La presencia española en América por supuesto presenta claroscuros y sin duda provocó también abusos, pero nunca se rigió por el exclusivo interés económico que guio la expansión colonialista de franceses e ingleses en el siglo XIX. Sin caer en una Leyenda rosa, España saco a unas sociedades tribales del equivalente a la edad de bronce en que estaban ancladas en pleno siglo XVI. Y lo hizo, no sólo a sangre y fuego, como se nos quiere hacer creer, sino en intima colaboración con las clases dirigentes de los pueblos indígenas. Mestizaje del que nace el criollo y que en el pensamiento del mexicano Vasconcelos da lugar a la utópica raza cósmica que se gestaría en el Nuevo Mundo hispano.

El año que viene se cumplen 500 años de la conquista de México por Hernán Cortés y por fin en España un grupo político reivindica su figura desde un punto de vista integrador y con el fin de superar una polémica estéril, que sólo debilita a los pueblos hispanos.

Vox pretende conmemorar el aniversario con una serie de medidas que reproducimos a continuación:

Impulsar, en colaboración con los Estados Unidos Mexicanos, una adecuada conmemoración oficial del quinto aniversario de la fundación de Nueva España en ambos países.

Impulsar la elaboración de materiales didácticos equilibrados -ni chauvinistas, ni negrolegendarios- que informen a los escolares españoles sobre la figura de Hernán Cortés, la conquista de México y, más genéricamente, sobre la labor fundadora e integradora de España en América.

Garantizar una cobertura suficiente de la efeméride en los medios de comunicación públicos, especialmente en RTVE, con documentales, entrevistas a historiadores y debates especializados.

Estudiar la erección de un monumento a Hernán Cortes y otros conquistadores. Sugerimos Castilleja de la Cuesta (Sevilla) como emplazamiento: es el lugar en que Cortés vivió sus últimos años.

Reforzar la protección del monumento a Cortés ya existente en Medellín (Badajoz), que ha sido objeto de varios ataques vandálicos. Desarrollar una “ruta turístico-cultural de los conquistadores” que incluya Medellín, Trujillo, Castilleja de la Cuesta, Palos de la Frontera y otros lugares de Extremadura y Andalucía asociados a los forjadores de Hispanoamérica.

Nada distinto a lo que otras Naciones hacen con sus personajes épicos, un simple ejercicio de respeto por el pasado y conocimiento de nuestra historia, que no supone negar lo aspectos negativos de la conquista, pero tampoco ocultar los positivos y mucho menos negar el reconocimiento a nuestros antepasados porque a algunos se les antoje hoy renegar de su patria.