Con las coñas de las lavaduras nocturnas y los memes en redes sociales (anestésico humorístico con el que seguimos aplazando sine die la revolución pendiente), los españoles vemos cómo el Gobierno más democrático de la historia de España, del mundo y de los mundos, (con Sánchez al frente), nos va robando derechos y libertades casi a diario. Hasta el punto de que apenas van quedando ya cosas que podamos hacer en libertad, sin riesgo de que nos lleven a comisaría o al calabozo.
 
La plandemia (tinglado de Soros, Gates y otros magnates de la cosa mundialista) ha usado como excusa un virus (no negaremos, por evidente, que con una terrible capacidad para matar) para implantar su agenda ideológica. Y esa agenda pasa inevitablemente por dos objetivos: consolidar en todo Occidente las dictaduras vestidas de democracia (o demogresca, en genial definición de De Prada) y convertir a los ciudadanos en peleles que no puedan decidir prácticamente nada, so pena de enfrentarse a la policía controlada por el Sistema. O somos sumisos a las imbecilidades de esta secta satánica globalista, o podemos acabar entre rejas.
 
Si ya nos venían advirtiendo de que no se puede comer carne procedente de animales, porque además de provocar enfermedades a los humanos hace proliferar en el ambiente el gas metano que procede de los pedos de las vacas, ahora nos amenazan con crujirnos a fin de mes si ponemos los electrodomésticos a las horas que nos dé la real gana. Este gobierno socialista, izquierdista, demócrata y republicano es incapaz de abaratar el recibo de la luz obligando a las compañías eléctricas a moderar el precio del Kw/h, y en cambio obliga a los españoles (incluidos los tolilis que les votaron en las últimas elecciones) a poner la lavadora a las 3 de la madrugada. O a preparar un cocido a las 4.
 
Los que nos levantamos desde hace muchos años de madrugada para trabajar en la radio no tenemos problema, porque podemos perfectamente afeitarnos o ducharnos mientras termina el centrifugado. Pero ya fuera de bromas. ¿Qué nación permite que su gobierno le obligue a cocinar o a planchar de madrugada, en plena crisis económica por la pandemia, sin echarse a las calles de manera masiva?, ¿qué ciudadanos están tranquilamente tomando cañas en las terrazas mientras sus gobernantes les tienen en una esclavitud permanente, con restricciones de movilidad que no operan para ellos, y con toda clase de iniquidades y caprichos, a cual más disparatado?
 
En Colombia, por bastante menos, el gobierno de Iván Duque tuvo que dar marcha atrás a una reforma fiscal que atentaba contra las clases populares, y ve todavía cómo sus calles arden literalmente por la indignación de miles de personas. No hablo de los terroristas (que también los hay), nostálgicos o amigos de las FARC, que aprovechan las algaradas para poner explosivos o saquear tiendas. Hablo de miles de ciudadanos honrados que dicen "hasta aquí" cuando ya no tienen nada que perder y cuando ven que se les atraca no desde las esquinas sino desde el poder elegido en las urnas. Pues eso mismo es lo que nos están haciendo en España. Pero con la diferencia de que aquí no se mueve nadie.
 
Lo vengo diciendo en muchos artículos. La sociedad occidental está anestesiada e idiotizada. Ha perdido toda capacidad de reacción ante los abusos del poder, porque ha perdido también toda noción de justicia, y porque ha perdido incluso la noción del Bien y del Mal. El sucio relativismo imperante es, a la vez, una coartada del poder democratista para imponer su agenda progre, que es claramente autoritaria, aunque se presente con un lenguaje lleno de tópicos democráticos. Un burdo engaño, una mentira obscena, que sin embargo la mayoría de los ciudadanos engulle satisfecha, porque se ha convertido en un rebaño de castrati. Una generación incapaz de levantarse por nada que no sea la celebración de un gol de su equipo de fútbol.