La Memoria Democrática es la memoria de una estafa devenida dogma de obligada observancia en el carnaval político que convierte al pueblo español en la chusma que brama en los tendidos, mientras en la arena del anfiteatro mueren la Verdad y la Historia.

La Memoria Democrática es El Credo tergiversado, descontextualizado y mutilado (“...Poncio Pilatos fue crucificado, muerto y sepultado”) por los sacerdotes paganos del estercolero socialcomunista, por sus sacristanes separatistas y jaleado ad nauseam por sus monaguillos de la derecha liberal.

La Memoria Democrática crece en el silencio de los que otorgan, en el mutismo de los que saben y callan, en la cobardía de los que conocen y ocultan, en las biografías maquilladas de los conversos de atajo y conveniencia, en los que niegan a sus padres y reniegan de sus abuelos cuando canta el gallo rojo. La Memoria Democrática se fortalece en la aceptación de la farsa, en la cotidianeidad de la mentira y en la alquimia social de la corrección política que estigmatiza la génesis de los hechos revistiendo a los asesinos de la Patria y de la Libertad en paladines de la democracia, y vistiendo de harapos totalitarios a los que se sublevaron contra la lava de sus erupciones revolucionarias.

La Memoria Democrática es la voz de la mentira y la mano del tirano que se lleva el índice a los labios imponiéndonos un silencio amenazador, como el que te aplasta en las montañas y en el vientre profundo de los bosques. No nos dejemos encadenar ni amordazar por la Memoria Democrática, trepemos hasta el vértice del mástil de Rodrigo de Triana para proclamar la Verdad y la Historia como él anunció el Nuevo Mundo.