Siempre he tenido un gran respeto hacia todos los Sacerdotes, y muy especialmente a los Obispos, como plenitud del Orden Sacerdotal.

Pero últimamente, y posiblemente por la edad, cada vez menos.

No quiero decir que todos los Obispos españoles sean cobardes, pero a veces lo pienso, en mi fuero interno, y que Dios me perdone si yerro.

Pero lo que más me indigna y escandaliza, y como católico de a pie creo que tengo derecho a ello, es ver como la Iglesia pasa de puntillas sobre la situación actual, los graves problemas sociales, la imposición de los criterios de media España, o más bien de cuarto y mitad, sobre todo el pueblo español, aprovechándose del hedonismo, el carácter timorato de muchos compatriotas, el miedo, la mansedumbre, el borreguismo tradicional hispánico, y, porque no decirlo, el acojonamiento colectivo, incrementado por la dichosa pandemia.

Los católicos somos conscientes de que la vida es el camino, un tránsito, y que al final nos espera la muerte, y debemos prepararnos para ella, para poder resucitar en el Cielo, como en su día lo hizo Nuestro Señor Jesucristo.

Y que por tanto debemos afrontar los problemas de pie y de frente, sin cobardías, traiciones ni medias tintas, propias de los timoratos, hipócritas y fariseos, que tanto abundan en estos tiempos, y creo que siempre.

Ha caído en mis manos, casi por casualidad, y por medio de terceras personas, el intento del Obispo de León de poner un bozal en la boca y en la pluma del reverendo don Jesús Calvo Pérez, Párroco de Villamuñio, y Capellán de La Falange, a propósito de sus colaboraciones desinteresadas, no retribuidas, en diversos medios de comunicación social, alertando de los peligros de la situación actual, y del deterioro constante e ininterrumpido de nuestros derechos fundamentales.

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¿Cómo es posible que todo un señor Obispo, que debería ser un padre para los sacerdotes encomendados a su tutela, actúe así con uno de sus subordinados…?

¿Obedece a presiones externas al ámbito eclesiástico, es decir, de las Autoridades políticas civiles, o ha sido un ejercicio, motu proprio, de su Poder y Autoridad sobre la grey eclesiástica, como aviso a propios y extraños?

Harían bien nuestros Obispos en cumplir con sus deberes, entre los cuales está la corrección fraterna a sus hermanos en el Sacerdocio, pero no la imposición de sus propios criterios, en asuntos muy discutidos y discutibles.

Y, sobre todo, defender los derechos humanos, a la luz de os Evangelios y de las enseñanzas, siempre perennes de la Iglesia Tradicional, de la Iglesia de siempre, lejos de la chabacanería actual de muchas liturgias, tan ajenas al Magisterio de la Doctrina.

Dada mi gran amistad con don Jesús Calvo, y antes de escribir nada que pudiera molestarle o perjudicarle, quise saber su opinión sobre el asunto, y, entre otras cosas, me dice lo siguiente:

“Es vergonzante la cobardía de los que piensan bien y no obstante, se venden al sistema del momento…

Tras el Decreto del señor bispo, llegué a casa, consulte el Código de Derecho Canónico y repliqué con citas evangélicas y paulinas (estas, no son convencionales), y desde entonces, más silencio administrativo, tras haberme dicho dos veces “estoy más cerca de tu pensamiento de lo que te crees”.

Así es mi “quinto”, recién cesado por edad, que hace la vista gorda a todo lo que digo o escribo.

Han dejado de ser Pastores, para convertirse en diplomáticos al servicio del liberalismo masónico y modernista protestante…

Amigo Ramiro: Sigamos con nuestra fe católica, sembrando el bien y la justicia en torno nuestro y el Señor nos tendrá muy en cuenta nuestras buenas obras de cada día.

En mi homilía, les hablé de las últimas revelaciones a la vidente de Zaragoza (25-9-20), a las 12 de la noche), de que “Dios fulminará a quiénes osen tocar la Cruz de Cuelgamuros con fines destructivos”.

Ahora me han llegado otros, hablando de “desastres económicos y pésimo año, doloroso para España”. Pero para los leales, “nuestras lágrimas serán recogidas en vasos de oro”. No puede reprimir esta Gran Tribulación, porque estamos en las vísperas probatorias, antes de ese Triunfo de los Sagrados Corazones, como 4º. Secreto de Fátima, y bíblico de casi paraíso en la tierra, derrotando las herejías, inmoralidades y desastres que estamos pasando.

Se trata de perseverar en el amor justiciero de Dios. Todo coincide con lo escrito.

Tras esta sustanciosa observación (supongo), un fuerte abrazo en Cristo Rey y en María Reina”.