1) El contexto previo; guerra civil en Jaén

 


El 18 de julio de 1936, numerosas ciudades y provincias españolas se sublevaron a favor y en contra del golpe de estado militar que, desde África se iniciaba contra el gobierno del frente popular. Entre los lugares donde el golpe fracasa y donde se asienta firmemente la autoridad republicana fue la Provincia de Jaén.

El estallido del golpe de estado militar el 18-19 de julio de 1936 fue contestado en toda España con contundencia, aunque con diferente resultado. 

En Jaén, como cuenta el investigador Luis Miguel Sánchez Tostado, reinaba la tensión entre el gobernador civil, leal al gobierno republicano, y los efectivos militares, sobre todo la Guardia Civil, dudosos del papel que debían tomar.

Esta indecisión de los militares ante el camino a tomar favoreció que los milicianos republicanos, con el apoyo del gobernador civil jienense Luis Ríos Zuñón, tomaran la localidad y la rebelión militar fracasara en la capital y en la práctica totalidad de la provincia sin apenas resistencia de las derechas (a pesar de ser terreno abonado para ellas), representadas en la provincia por FE-JONS, dirigida desde 1933 por Francisco Rodríguez Acosta, y por Renovación Española, dirigida por Antonio Acuña, al mismo tiempo afiliado y militante de la Falange local.

En la provincia jienense, como decimos, la rápida acción miliciana y la descoordinación y falta de iniciativa de las gentes de derechas provocaron el rápido control de izquierdas en la zona, a pesar de los levantamiento armados civiles a favor del Alzamiento en Orcera, Benatae, Siles y Villarrodrigo en la Comarca del Segura, y en el resto de Jaén de los conato de rebelión armada en grandes núcleos occidentales (La Carolina, Arjonilla, Andújar, Martos...) protagonizados únicamente por la fuerza armada y sin apoyo popular. 

Una vez controlados estos intentos de sublevación en la provincia, se asienta definitivamente el frente de guerra en la mayor parte del Jaén republicano, que inicia una dura represión de retaguardia contra las decenas de presos derechistas detenidos.

2) La represión republicana en Jaén

 



Como hemos mencionado y como ha sido ocultado en numerosas ocasiones, Jaén era un caldo de cultivo ideal para el triunfo del alzamiento nacional y solamente la indecisión de la fuerza armada de la provincia a la hora de tomar por las armas el poder político, como si se hizo en provincias como Sevilla o Granada, decantó el fracaso de la sublevación en la zona.

Es decisivo e importante tener esto en cuenta ya que, de haber triunfado el golpe en Jaén, como casi ocurre y se evidencia en la elevada conflictividad en julio de 1936 en la provincia, hubiera sido clave para unir esta provincia con otras zonas ya sublevadas en la región, como Cádiz, Sevilla, parte de Granada o gran parte de Córdoba. 

En zonas donde los republicanos si tuvieron mayor autoridad, especialmente en Jaén ciudad y la zona occidental, el número de represaliados y presos de derechas fue mucho mayor.

En el Santuario de la Virgen de la Cabeza (Andújar), según relata Manuel Garrido Palacios, entre 1936-1937, un grupo de guardias civiles y familiares suyos retirados de diversos punto de la provincia donde habían triunfado los milicianos, se sublevan y encierran en el santuario al mando del Capitán Cortés, dando lugar al asedio y rendición del lugar por las fuerzas republicanas, dejando un saldo de 150-170 muertos. 

Tras ello, fue la propia capital, Jaén, quien tuvo el protagonismo en el terreno de la represión política en la zona, a través de dos símbolos de la represión republicana en la ciudad;  la Prisión Provincial (según afirma Ana Sola , inaugurada en 1932, abandonada en los años 90 y actualmente el Museo Íbero de Jaén), y la Catedral de Jaén. 

Aquí, una vez más, las cifras bailan. En el expediente de la Causa General  registra en unos folios unos 750-800 reclusos, y en otros unos 8258 presos entre 1936-1939 en la Prisión Provincial de Jaén (que Santiago Mata  confunde con la Catedral, número que se achaca erróneamente a ésta última).

La Catedral de Jaén fue habilitada el 3 de agosto de 1936 como prisión, y registra unos 800 reclusos en el expediente anterior, similar cifra a la que ofrece el propio investigador  Sánchez Tostado  que las eleva a, entre 700-800 presos a lo largo de la guerra civil. 

En ambas instituciones (que fueron los principales en la ciudad capital), entre las cuales hubo unos  9000 presos de derechas a lo largo de la guerra de toda la provincia de Jaén, se produjeron entre 1936-1939 al menos dos grandes sacas o traslados de presos políticos fuera de las cárceles que se saldaron con sonoras masacres. 

La primera y más conocida fue la de los trenes de la muerte, un trágico suceso que tuvo a Madrid como escenario protagonista. 

Según consta en los expedientes de la  Causa General, figura un testimonio del jienense  Ignacio Valenzuela, testigo visual de los sucesos los días 10, 11 y 12 de agosto de 1936 que afirma que hubo dos trenes de la muerte; un primer tren que sale de la Cárcel de Jaén completamente lleno con 40-50 guardias civiles de escolta, es detenido en la Estación de Atocha, donde son fusilados 10 presos del mismo. 

Al día siguiente, afirma el testigo, salieron de la Catedral de Jaén el día 11 de agosto de 1936 a media noche, llenando un tren entero de 10 vagones con más de 500 presos, y una escolta de unos 70 guardias civiles. 

Llegaron a la estación de Villaverde a las 4 de la tarde del 12 de agosto de 1936, donde, según el testigo, les esperaban unos 500 milicianos armados. Un guardia de asalto interviene liberando la escolta del tren, y el testigo consigue zafarse de la situación haciéndose pasar por extranjero, afirmando que una hora más tarde ve nuevamente el tren únicamente con 50 presos, habiendo sido fusilados el resto. 

Otro testigo directo de los hechos, el republicano miliciano Emilio Díaz Hernández, afirma que estando en Vallecas fue llevado por el Comité Revolucionario de Vallecas a un tren ubicado junto al Cerro de Santa Catalina, a 2 kilómetros de Vallecas, y escoltado por unos 200 milicianos. 

Afirma el testigo que al poco tiempo llega un automóvil con 3 ametralladoras que se ubican a 50 metros del tren, y van sacando a los presos de los vagones, y ubicados en la explanada del cerro, donde son fusilados, primero un grupo de 10 presos, y posteriormente a grupos más grandes de 35-40 presos, calculando un numero de 250 fusilados en el lugar, si bien otro testigo, el ubetense Andrés Portillo Ruiz los eleva a unos 400, y el investigador Santiago Mata calcula unos 194 fusilados . 

Posteriormente, los 40-50 presos supervivientes corrieron otra suerte. Según el testigo Emilio Díaz, “fueron traídos presos a Madrid”. Andrés Portillo afirma que después de la matanza, los supervivientes fueron llevados a Entrevías y después al Ateneo de Puente Vallecas, al Circulo Socialista de Puente Vallecas, a la Dirección General de Seguridad y posteriormente a la Cárcel Modelo de Madrid, en Moncloa. 

Así pues, entre los 10 fusilados del primer tren el día 10 y los, entre 190-250 fusilados del segundo tren el día 12 de agosto, en total debieron ser fusilados en apenas dos días en Madrid unos 200-260 según las fuentes diversas presos políticos de derechas sacados de la Cárcel y de la Catedral de Jaén. 

Entre ellos figuraban unos 18 presos de Beas de Segura (que, sumados a los dos fusilados en la localidad elevan el número a unos 20 en total), unos 52 de Cazorla, unos 34 de Peal de Becerro, 8 presos de Vilches y unos 28 de Villacarrillo, entre ellos Manuel Basulto Jiménez, natural de Cazorla, y en ese momento Obispo de Jaén y su hermana. 

La segunda masacre de presos de derechas de la provincia de Jaén tuvo lugar poco después, entre el 2-7 de abril de 1937.

Esta masacre ocurrió como consecuencia de un ataque sobre la capital jienense ocurrida un día antes, el 1 de abril de 1937, cuando, a similitud de lo ocurrido pocos días después en la villa vasca de Guernica, un grupo de aviones de la Legión Cóndor alemana realiza un bombardeo de castigo sobre la capital republicana de Jaén, dejando un saldo de más de 150 jienenses muertos fruto del ataque indiscriminado ordenado por el General Gonzalo Queipo de Llano. 

La reacción de odio popular y venganza de los republicanos de Jaén no se hizo esperar y en seguida se dirigieron a las cárceles y centros de detención de la ciudad para vengarse de los presos políticos de derechas encerrados en la capital. 

Según el ya mencionado Manuel Garrido Palacios , entre los días 2-7 de abril de 1936, grupos incontrolados de milicianos republicanos asaltaron la Cárcel Provincial de Jaén y realizaron sucesivas sacas de presos, que fueron fusilados en las tapias del cementerio del pueblo de Mancha Real, un pueblecito ubicado apenas a 20 kilómetros de Jaén ciudad, dejando un saldo de aproximadamente 130 fusilados en esos 5 días, en represalia al bombardeo nacional de la capital. 

Así, entre los 170 muertos del Santuario de la Cabeza, los 260 de los trenes de Jaén y los 130 de las sacas de 1937, en menos de un año debieron ser fusilados en diferentes puntos de Jaén y Madrid alrededor de más de 500 presos políticos de derechas, elevándose, según afirma Luis Garrido González a más de 1.830 personas el total de fusilados en el Jaén republicano, contando con los fusilados en cada uno de los pueblos de la provincia de Jaén alrededor de los tres años de guerra, un numero bastante elevado si tenemos en cuenta a una provincia tan pequeña demográficamente hablando, y donde los republicanos de izquierdas no tenían hasta ese momento un predominio excesivamente marcado a nivel político y social, lo que evidencia hasta qué punto hubo de ser necesario para éstos controlar la provincia a sangre y fuego que, de otro modo habría caído, si hubiera tenido el apoyo de la guardia civil que tuvo en otros lugares como Cádiz, Sevilla o Granada, en manos de los nacionales de una forma bastante rápida en los primeros días del golpe militar. 

En manos nacionales quedó a lo largo de la guerra un estrecho y pequeño área entre las provincias de Córdoba y Jaén con capital en Lopera, que fue frente de guerra hasta el final del conflicto. 

Con el final de la guerra civil en abril de 1939, y debido a la tenaz resistencia republicana en la mayor parte de la provincia de Jaén y la dura represión republicana a los presos de derechas, numerosos represaliados políticos frentepopulistas cayeron presos en las mismas cárceles jienenses que antes habían ocupado los nacionales, y los cementerios, nuevamente, pasaron a llenarse de represaliados políticos. 

Con el final de la guerra, según Luis Miguel Sánchez Tostado , especialmente el Cementerio de San Eufrasio de Jaén se convirtió en una inmensa fosa común en la que fueron fusilados alrededor de casi 2.000 republicanos (muchos de ellos, dirigentes republicanos y milicianos principales que dirigieron el mando de los diversos municipios de la Sierra de Segura y en general de toda la provincia de Jaén) en una cifra muy similar a la causada por el Frente Popular, y enterrados en dicho cementerio, hoy homenajeado con un monumento en conmemoración, de la misma manera que en su día fuera instalada en la Catedral de Jaén una placa en homenaje a las victimas derechistas del Jaén republicano. 

Ambos elementos de homenaje constituyen a día de hoy el último recuerdo y la última evidencia del duro y terrible periodo de la guerra civil y la posguerra en la provincia de Jaén, una zona de escaso protagonismo y muy poco mencionada en la historia de la guerra civil.