¿Han sido el franquismo y la memoria de la guerra civil los responsables de la invisibilidad en España de movimientos en consonancia con los europeos?

 

¿Cómo explicar, en todo caso, que ante los avances de Liga Norte, Frente Nacional, Jobbik y otros análogos, España no tenga en sede parlamentaria diputados que den voz a la recuperación de Soberanía Nacional frente a Bruselas y el poder de los Mercados Financieros?

 

La primera causa explicitada podría ser parte de ese problema en tanto en cuanto ha impedido que, de una forma transversal, la bandera nacional abrace a izquierda y derecha a todos los disidentes de un sistema partitocrático que se ha demostrado idéntico en la defensa de un marco que solo ha servido para vaciar hacia fuera y hacia dentro (en movimientos centrífugos y centrípetos) la Soberania.

 

Lo explicó magistralmente Joan E. Garcés en su libro “Soberanos e intervenidos. Estrategias americanos y españoles” cuando quedaron marcados los objetivos que iban a servir de líneas vectoriales de la tan elogiada Transición:

 

  1. Descentralizar la administración pública
  2. Convertir el Parlamento en órgano técnico y no político, reduciendo el peso de las ideologías
  3. Personaliza el poder para reducir las exigencias de participación de los ciudadanos
  4. Hacer de los partidos políticos órganos de gestión mas que de discurso político
  5. Reducir los recursos financieros puestos a disposición de las Universidades
  6. En las empresas, combatir la presión a favor de la autogestión o de la participación de los trabajadores en su dirección.

 

Estas líneas que le fueron señaladas a España en 1975, se trasladaron con fidelidad a la Constitución del 78, y, tuvieron la consecuencia de sustituir las reivindicaciones de soberanía y libertad democráticas por la apatía de las democracias controladas, y sin alterar en modo alguno las estructuras socio económicas del franquismo excepto en lo que facilitara de forma creciente la circulación del capital internacional.

 

Como relata Joan Garcés, “a los españoles se les redactó en 1977-1978 el texto constitucional mejor preparado para la integración-disolución del Estado en el sistema de la Europa de la guerra fría. En la Constitución de 1978 las cesiones de soberanía posibles son prácticamente ilimitadas, superiores a las impuestas a Alemania e Italia después de su derrota en 1945. Y expéditas: basta una simple Ley Orgánica para transferir a organizaciones o instituciones internacionales competencias inherentes al Estado , sin ninguna limitación (art. 93).”

 

Ningún Estado europeo conoce semejantes cesiones de soberanía equiparables al texto constitucional español.

 

De ese mismo modo se articuló la entrega de la Soberania Nacional a las Comunidades Autónomas via artículos 148 y 149.

 

Se puede afirmar con rotundidad la sucesión del régimen franquista se llevó a cabo de modo que se imposibilitara un proyecto nacional o una política exterior no alineada o neutral.

 

Configurado ese marco legal se desató el cultural retirando toda identificación del Estado y la Nación con sus símbolos en cada rincón geográfico de España. Transcurridos los años ya hay , al menos, dos generaciones, que han crecido sin la visibilidad de pertenencia de tal modo que ha sido posible escuchar la pregunta a muchos jóvenes catalanes o vascos: “¿Yo soy español?”.

 

Las Autonomias han servido para desarticular e impedir toda forma de protesta en clave de rebeldía social nacional.

 

Lejos de visibilizar esta maniobra urdida desde poderes no elegidos hacia nuestros constituyentes, las únicas fuerzas políticas que pudieron señalar el mal camino emprendido (me refiero a todas aquellas simbólicamente ligadas al régimen anterior del General Franco), perdieron unos años preciosos en luchas intestinas, defensa de la obra política de aquellos cuarenta años y en conservar una estética obsoleta para el escenario político que se desarrollaba a toda velocidad. El anti comunismo perdería vigencia pronto con la caída del muro en 1989 y el avance del mundo unilateral americano. Quizá porque en España se ganó en los campos de batalla a ese comunismo y se mantuvo un régimen político que encapsuló –como en una burbuja- a la población, ese camino de renovación del discurso y la imagen que se llevó a cabo en todos los países que perdieron la guerra en 1945, quedó pendiente.

 

Ya no hablaríamos tanto de una “revolución pendiente” como de una renovación del Discurso Politico o articulación de un Discurso acorde al tiempo actual.

 

Aquellos años 70-80 y 90 resultaron completamente estériles para esa mal llamada “extrema derecha”. La denuncia del terrorismo o de causas como el divorcio, el aborto o la incipiente ideología de genero y visibilidad homosexual, marcaron campañas de valores que los españoles ya no sentían mayoritariamente como suyos marchando al compas de otras naciones europeas mas liberales y sin esa herencia política de un estado confesional católico a sus espaldas.

 

En nada fueron visibles todos estos grupos cuando la Reconversión Industrial arrasó a la que había sido la novena potencia mundial y miles de españoles quedaron sin empleo. Tampoco cuando se privatizaron empresas públicas de indudable valor estratégico, o se cercenó el poder nuclear que España estaba alcanzando antes de 1975.

 

La combinación letal de una Constitución pergeñada para arrebatar la Soberanía Nacional y Popular, la entrega de competencias educativas a fuerzas minoritarias en la periferia que construirían un relato disgregador en clave romántica , excluyente y racista, potenció la inoperancia de movimientos políticos que debieron servir de freno y llamamiento a todos los españoles frente esa gran desnacionalización emprendida por sus élites.

 

Ni la crisis del 2008 en todo su significado devastador en recortes sociales supuso una apertura de visión a estos grupos ya privados, con el paso del tiempo en su contra, de medios de comunicación que les hubieran servido de altavoz. Todas las tentivas electorales fueron fracasando por más que rostros nuevos se incorporasen a ello.

 

Y en el intervalo de ese tiempo apareció el 15-M y una fuerza política que, con rostro deformado formuló en clave de flautista de Hammelin la voz de “No nos representan”, sin que , ni antes ni después, estas voces de grupos social patriotas hubieran articulado esa misma denuncia en clave de siglo XXI.

 

El tiempo ha servido, no obstante, para desenmascarar a esos emergentes como el nuevo rostro de un comunismo que ya sin la bandera de la revolución o la lucha de clases , sí esta liderando las otras banderas de la izquierda: el feminismo , la emigración y la lucha de generos como instrumentos para desestructurar aún más la sociedades y dejarlas indefensas frente a la globalización. Es esa izquierda que diciendo defender a los más perjudicados, contribuye áun más a precarizar sus existencias.

 

Concluyendo podemos ver ya la obra del régimen del 78 impuesto cuando ha llegado la crisis secesionista en Cataluña y Vascongadas y la deuda publica que ha cercenado toda imposibilidad de políticas sociales avanzadas.

 

Ninguno de los partidos políticos dentro del arco parlamentario ha denunciado o evidenciado esa ausencia de soberanía y el rapto de poder decisorio para reinvertir un proceso que otorgara al pueblo español su capacidad de gobernar su destino.

 

Ahí esta el camino expedito para que esos grupos, todavía marginales, puedan levantar, ahora sí y en claves de modernidad, un discurso nacional.

 

Recuperación de la Soberanía entregada hacia fuera y hacia dentro. Discusión de la Deuda. Puesta en cuestión de la representación política. Defensa de la Nación como continente que precede a todo ordenamiento político sea cual sea. Plantamientos de democracia económica reales , alejándonos de modelos liberales y mundialistas. Ruptura con organizaciones como la OTAN o el mundo burocrático de Bruselas propiciando un acercamiento a Rusia en defensa de un orden mundial multilateral.

 

Recientemente se ha firmado un Acuerdo de Gobierno entre Liga Norte y Movimiento Cinco Estrellas en Italia. ¿Alguien imagina algo semejante entre movimientos social patriotas y otros grupos que han sido críticos con el bipartidismo y se han querido alejar de las embestidas secesionistas o , simplemente, se han desvinculado ya emocionalmente de una Constitución del 78 como salvaguarda de todo mal?

El tren avanza por Europa. Falta el vagón español. Hay algo más que un camino atrayente por delante. Y pese a lo que pudiera chocar a gran parte de esa extrema derecha, la bandera de una nueva y autentica democracia, ésta vez nacional y social, es la que nos ha de liderar.