Pablo Casado, el caniche de Aznar que adoptó Rajoy, no escarmienta. Lo tenía todo a su favor para dejar de ser el jefe nominal de la oposición según las cuentas del ábaco parlamentario, y ha preferido adherirse, con protestas y reproches, pero adherirse, al consenso de los matuteros del PSOE, de los chekistas de Podemos y de los que pregonan que “España no es más que paro y muerte”, y que en Cataluña el Coronavirus mata porque la enfermedad que les obliga a bailar la sardana en pijama y en casa la traen los españoles y los charnegos en el aliento. Es evidente que lo que corre por sus neuronas no es luz, es un puré de veneno y rencor.

Como el esclavo físicamente disponible y mentalmente ausente, Pablo Casado ha renovado sus votos de lealtad cómplice a un Gobierno y a una mayoría parlamentaria que han convertido a España en el matadero de referencia universal de la pandemia, en el puerto donde atracan (nunca mejor dicho) todos los piratas de la libertad de mercado para engordar ellos y forrar a sus comisionistas con el trapicheo del utillaje sanitario, y en la lonja en la que desembarcan la mercancia tarada y defectuosa que nos venden con el sobreprecio añadido, que solo pagan los tontos y los golfos que participan en la compra, el porte y la venta.

España tiene, gracias a Franco y a los falangistas que lo idearon y lo construyeron, el mejor Sistema Público de Salud del mundo, nutrido y servido por una clase médica y sanitaria sin la cual la Seguridad Social española no sería el modelo universal que es. Pues bien, con toda esa infraestructura España tiene el record de contagios y muertos por Coronavirus por millón de habitantes. No es responsabilidad ni de nuestros médicos, ni de nuestros sanitarios, ni de nuestros hospitales públicos. Al contrario, de no haber sido por ellos, el contagio y la muerte hubieran sido aún más pavorosos. Es un problema de gestión política que es siempre la que pone orden en el caos, o lo multiplica. De ahí el viejo y paradójico aforismo que afirma que “El Estado funciona cuando en mitad del caos todo está en orden”.  

Por el contrario, Grecia y Portugal, cuyos sistemas públicos de salud son una cochambre comparados con el nuestro, son los países con menos contagios y menos muertos por Coronavirus de la UE gracias a que gozan de unos gobiernos que están gestionando la pandemia con pocos recursos sanitarios públicos, es cierto, pero con mucho talento y mucho patriotismo.

En España, la pandemia del Coronavirus se comporta como la Peste Negra en la Europa del siglo XIV no por un problema de carencia de infraestructuras y de profesionales, sino por una nefasta gestión gubernamental de los políticos que padecemos, cuya  incuria es el principal vector de contagio del virus.

Bien, pues Pablo Casado acaba de ofrecer su leal colaboración a la banda gubernamental y parlamentaria cuya incompetencia ha transmitido el virus como las ratas medievales transmitían la peste. En vez de vertebrar y liderar la legítima revuelta nacional contra la epidemia de incompetentes y de traidores que padecemos, Pablo Casado les presta su apoyo prolongando el Estado de Alarma, que no es más que el nido en el que Pablo Iglesias incuba los huevos de la tiranía comunista que nos espera en cuanto el Coronavirus se canse de matar.