La Agenda 2030 supone el pistoletazo de salida para “el gran reseteo”, el punto de partida para el comienzo de una nueva era que debe marcar nuestras vidas y nuestro futuro más inmediato. Todo comenzó en el año 2015, un año decisivo donde la mayoría de los gobiernos aprobaron lo que denominaron la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible para acabar con la pobreza extrema, combatir la desigualdad y la injusticia y solucionar el cambio climático. Palabras bien sonantes y grandilocuentes, aparentemente inocuas, pero con un objetivo transformador del planeta, que afecta a todas las naciones, las vacía de identidad propia, funcionando como un todo integrador y universal.

Son 17 los objetivos de Desarrollo Sostenible y 169 las metas asociadas: (1) Fin de la pobreza, (2) Hambre Cero, (3) Salud y Bienestar, (4) Educación de Calidad, (5) Igualdad de Género, (6) Agua Limpia y Saneamiento, (7) Energía Asequible y no Contaminante, (8) Trabajo Decente y Crecimiento Económico, (9) Industria, Innovación e Infraestructura, (10) Reducción de las Desigualdades, (11) ciudades y Comunidades Sostenibles, (12) Producción y Consumo Responsables, (13) Acción por el Clima, (14) Vida Submarina, (15) Vida de Ecosistemas Terrestres, (16) Paz, Justicia e Instituciones Solidas, (17) Alianza para lograr los Objetivos. Cada uno de estos objetivos viene determinado por un color y todos ellos en círculo, forman el pin o la insignia que vemos en la solapa de gran parte de los dirigentes mundiales y políticos de distintas tendencias unidos para la ocasión.

Si analizamos con detenimiento cada uno de estos objetivos, podemos llegar a la conclusión de que el turismo puede ser clave para contribuir de una u otra forma a todos los puntos de la Agenda 2030. España modificó todo su modelo productivo e industrial, convirtiéndonos en un país de servicios, donde el turismo juega un papel crucial. La crisis sanitaria ha hundido la economía española y el modelo turístico que conocíamos hasta la fecha. El coronavirus ha sido un aliado “inesperado” que ha servido como acelerador de los objetivos que la Agenda contiene y el turismo no es ajeno a esa transformación. Es posiblemente el turismo y todo lo que le rodea, el sector que más está sufriendo con la pandemia, pero consiguiendo un replanteamiento de toda la industria, que casualmente es lo que se nos estaba solicitando para poder cumplir con el objetivo de “Desarrollo Sostenible”. Nos hablan de igualdad, pero lo que sin lugar a dudas generara la Agenda 2030, son más desigualdades. Tendremos una elite que será cosmopolita y viajera, serán los únicos que se podrán permitir vivir en el centro de las ciudades, y los únicos con el poder adquisitivo suficiente para poder volar. La excusa de las emisiones y la contaminación, provocaran que los vuelos se consideren un artículo de lujo, cuyo uso este penalizado. Viviremos en un mundo virtual y ultra conectado que provocara que no sea necesario viajar para conocer “otros mundos”. Nuestra felicidad quedara garantizada mediante decreto y no seremos propietarios de nada. Nuestra existencia dependerá de la generosidad del Estado. Una sociedad de hombre y mujeres sanos y fuertes, con una dieta equilibrada rica en productos sintéticos. El dinero físico no será necesario y nuestros años de vida vendrán marcados por la necesidad del Estado de que no seamos una carga para la sociedad. No podemos ser egoístas y tenemos que valorar cuando debemos dejar paso a jóvenes productivos.

Bajo las palabras “Desarrollo Sostenible”, se esconde un plan minuciosamente trazado que transformara el planeta casi sin darnos cuenta. Aceptaremos nuestra eliminación, borraran nuestros recuerdos, nos convertirán en autómatas con pensamiento único y uniforme, suprimirán nuestras tradiciones, usos, costumbres y naciones y acabaran con cualquier atisbo de espiritualidad. Parar la implementación de la Agenda 2030, debería convertirse en el mayor reto, en el principal objetivo de todo aquel que no esté dispuesto a renunciar a su libertad y capacidad de decidir sobre su propio futuro.