Todas las naciones que han edificado su presente sobre las mentiras del pasado, han terminado teniendo problemas parecidos. Como si de un fantasma se tratase, el pasado se rebela contra aquellos que lo falsean, reclamando en los libros de Historia el sitio que realmente le pertenece. Si, además, ese falseamiento afecta a la memoria de víctimas inocentes, el fantasma del pasado se revuelve aún con más fiereza, haciendo de sus manipuladores unos esclavos del presente que huyen de manera permanente hacia el futuro.
 
A Pedro Sánchez, como antes a Rodríguez Zapatero, y por qué no decirlo, a todos los presidentes del Gobierno que ha habido en los últimos cuarenta años, el pasado les zarandea de forma inmisericorde como justo castigo a su atroz sectarismo. A Sánchez más que a ninguno, porque a sus continuas mentiras hay que sumar la profanación del cadáver de un jefe de Estado, cristiano, probablemente el crimen más abyecto que se puede cometer desde el poder, junto al de intentar romper la sagrada unidad de una nación milenaria.
 
Uno de los profanadores in situ en aquel aquelarre inmundo de misa negra masónica, con Dolores Delgado como notaria mayor del reino, fue el ínclito Félix Bolaños, entonces solo un fiel funcionario como secretario general de la Presidencia, hoy aupado al frente del ministerio. El mismo que fue capaz de negarle a la familia Franco su derecho constitucional y natural a mantener los restos de su ser querido donde quisieran, ahora pretende cambiar la Ley de Amnistía de 1977 para satisfacer las ansias de revancha de los enemigos traicionales de la Patria, es decir, comunistas y separatistas. Buscando con lupa los supuestos "crímenes del franquismo" con el único fin de intentar ganar en las portadas de la prensa comprada la guerra que perdieron en el ´39.
 
Habrán comprobado ustedes que desde la profanación de los restos de Franco, las desgracias no han dejado de producirse en España, desde desastres naturales a otros de origen humano, pasando por la pandemia que ha causado sobre la piel de toro una especial devastación. Llámenlo equis. Pero la Historia ha demostrado que cuando un mandatario lleva su ansia de poder a límites intocables, esos límites que Dios dijo que no debían transgredirse, las consecuencias son terribles. Y me consta que algunos monosabios del PSOE, medio en broma medio en serio, han valorado devolver a Franco a su sitio en Cuelgamuros, para romper el maleficio.
 
Ya hemos dicho en otras ocasiones que la memoria es lo contrario de la Historia, porque la memoria es siempre subjetiva. Si de verdad el PSOE quiere recuperar para los españoles lo que ocurrió en esta nación el siglo pasado, cosa que nos parecería perfecto, debe empezar no en 1939, sino en 1931, ocho años antes, cuando empezaron los desvaríos criminales de la II República, y más especialmente a partir de noviembre de 1933, cuando el giro bolchevique de Largo Caballero provocó la espiral de odio y salvajismo contra curas y monjas, sobre todo, y fue calentando el terreno de lo que ocurriría apenas tres años más tarde con el Frente Popular. Las familias de los 6000 asesinados en Paracuellos del Jarama seguro que agradecerían al PSOE una comisión de investigación en el Congreso para depurar esas otras responsabilidades del pasado.
 
Pero naturalmente, el PSOE no va a investigar unos crímenes que lo señalan precisamente a él como partido. Y por eso ahora quiere dar otra vuelta de tuerca a la Ley de Memoria Democrática, azuzado por los radicales de Podemos y de ERC. El objetivo, primero profanar los restos de José Antonio Primo de Rivera del Valle de los Caídos, cambiar el nombre del Valle de los Caídos por Valle de Cuelgamuros, y seguir engordando con dinero público a las ONGs revanchistas que viven de inventar episodios del pasado que jamás existieron. Por cierto que el Juzgado nº 10 de Madrid ha suspendido las obras iniciadas en el Valle de los Caídos para exhumar los restos de víctimas de la Guerra Civil, atendiendo las demandas de varias asociaciones que recurrió ante los tribunales la licencia de obras concedida el pasado 24 de junio por el Ayuntamiento de San Lorenzo del Escorial a Patrimonio Nacional. Otro varapalo para Bolaños y CÍA.
 
Nosotros nunca hemos sido nostálgicos de nada. Lo que defendemos, en este tema como en todos, es la verdad. Y lo contrario de la verdad es el sectarismo, que a su vez es inseparable del enfrentamiento partidista. Allá aquellos que defienden los intereses particulares de los partidos, nosotros defendemos la verdad histórica para honrar la memoria de los caídos, de todos, pues ese fue precisamente el motivo por el que se erigió la Santa Cruz del Valle de los Caídos. Ni este Gobierno ni ninguno va a lograr que decaiga nuestro objetivo ni nuestra responsabilidad con los españoles.