Otegui, esa baba de ETA que arrastra su húmeda viscosidad por el rostro indecente del Parlamento y el Gobierno españoles, y que es un insulto lacerante para el decoro y la dignidad de las víctimas del terror vascoseparatista, ha vuelto a ser reclamado por el Tribunal Supremo para ultimar una cuenta pendiente con la Justicia que quedó en el limbo de una anulación por un quítame allá unas pajas de procedimiento; esas mojigaterías legales a las que se agarran como bombas lapa los etarras y sus pajes con toga y latines para procurar la inhabilitación del tribunal: que si el Juez me ha mirado mal, que si Su Señoría me ha faltado al respeto, que si el Magistrado ha deslizado un adjetivo inconveniente en el relato de mís crímenes, que si el Fiscal es primo tercero del cuñado de la novia de un guardia civil de Cáceres que dicen que asesiné no me acuerdo cuando...

O el Magistrado que presida el próximo juicio contra Otegui es un zombi robotizado, ciego, mudo y sin olfato, porque la  mera presencia del capo de los bilduetarras produce náuseas y su olor arcadas incontenibles, irreprimibles e indisimulables, o los abogados de esta mula de ETA, que esconde en su ano el placer bárbaro del crimen, del secuestro y la extorsión, volverán a procurarle la anulación del juicio porque resulta humanamente imposible no mirar con asco a la serpiente que se enrosca en el hacha de ETA y que hoy repta en el Parlamento y en la Moncloa dando órdenes y cobrándose favores de investidura, como hacen los sicarios de la Mafia con los deudos de una gracia de la Cosa Nostra.

En su furia aldeana por haber sido vuelto a llamar por los inquisidores del Tribunal Supremo, la mula de ETA multuplica sus coces contra España y contra los españoles. Comoquiera que Otegui es aún más acémila que Sabino Arana (el Abraham del separatismo vasco) es incapaz de entender que aún está vivo gracias a que él también es español, pues si Otegui hubiese sido francés, inglés, alemán o norteamericano, hace muchos años que estaría muerto, antes de que ningún tribunal hubiera tenido tiempo de reclamarlo, pues las policías allende los Pirineos tienen otro concepto de la custodia de las libertades y de la democracia: cuando se enfrentan a reptiles como Otegui llevan siempre el dedo índice dentro del guardamonte del fusil y de la pistola acariciando el gatillo, y dialogan con los terroristas con un eufónico monosílabo: ¡Bang!