Me han enviado el texto del acuerdo entre el PNV y PSE/PSOE para configurar el Gobierno Vasco. Confieso que me he negado a leerlo, pues ya a mi edad no estoy para perder el tiempo ni para provocarme el vómito.

Es una situación a la que estoy acostumbrado. La traición es congénita al Partido Socialista. Traición a los elementos constituyentes del genoma de la izquierda vista desde un punto de vista de desarrollo histórico, configurado con los siguientes cromosomas: la lucha por la igualdad, la dignidad de la persona, la libertad, la democracia, la idea republicana de un hombre un voto, etc. Bla, bla, bla. Simplemente me guío por las cosas escritas, no por las hechas, que es tema de otro costal.

Siempre diré que la persona más digna, y única del partido socialista, fue Besteiro, el hombre al que han hecho transparente, y el único que tenía en su punto de mira al pueblo, a la gente, a España, a los intereses de España desde un plano de visión socialdemócrata. Le relegaron, le olvidaron y murió como un hombre, dando la cara y en la cárcel, sin huir como las ratas, intentando llegar a un armisticio con Franco, para parar la sangría de la guerra. Y estos sinvergüenzas, verdaderos canallas, chupapresupuestos, mancillan su memoria, vendiéndose al mejor postor, con tal de tener una excusa para vivir del esfuerzo ajeno, como verdaderas sanguijuelas del poder.

 

Estuve en el Partido Socialista y ya les vi suficientemente el plumero. Me costó abandonar ese partido, confieso mi culpa, pero cuando por fin tomé la determinación, me liberé de una carga… de conciencia.

 

Voy a citar un párrafo del libro de Antón Saavedra, que de 1984 a 1996 estuvo en el Comité Consultivo del Carbón y el Acero (CECA) de la Comunidad Europea representando a España, y que, como yo, fue militante del Partido Socialista y luego arrepentido.

Comentando los atentados contra el medio ambiente, entre otros atropellos, en aquellos tiempos de Felipe González, mucho mejores, aún y todo, que los actuales desde Zapatero, decía…

“[…] Pues, sencillamente, que Felipe González había recibido de su monitor de La Moncloa  la consigna Rothschildiana que, procedente de la computadora instalada en la planta 72 del rascacielos 666 de Nueva York, le decía: ‘Felipe, recuerda que la estructura que debe desaparecer es el Estado’ y, en consecuencia con el mensaje, el Gobierno del PSOE, no actuaba sino como un vulgar esbirro al servicio de las empresas internacionales que, como Bayer, DuPont o Coca Cola detentan el poder real del mundo que malvivimos. Además, para el caso de que González se hiciera el olvidadizo, la Trilateral había enviado por aquellas fechas a uno de sus destacados miembros a Madrid, el ex ministro de Exteriores del Gobierno italiano, Gianni de Michelis, quien le recordaría a través del periódico trilateralista El País que: ‘El poder ha de ser transferido de los Estados soberanos a las instituciones supranacionales’ “.

          El libro fue publicado en 2004, luego los hechos fueron bastante anteriores a esa fecha. Y se titulaba Secuestro del Socialismo.

          Y desde luego, el socialismo como idea noble de naturaleza filosófica, ha sido secuestrado, si no adulterado de forma inapelable. No hay más que ver los conciliábulos sostenidos a lo largo del tiempo con otros instrumentos más que evidentes para todo aquel que abre los ojos y ve más allá de la puerta del vecino que son los nacionalistas secesionistas, y más en concreto el PNV, siempre a merced y disposición del Foreign Office como aquellos masones que conspiraban con los intereses depredadores colonialistas ingleses para despedazar la hispanidad en América y  Filipinas y convertir los fragmentos en piezas a invadir con sus intereses de monopolio comercial.

Pues hoy como ayer, esta vez con España como pieza de caza. Siempre al servicio de quien manda a nivel internacional. Esta vez ocurre con los que están tras el magnate Soros que se reúne con Sánchez sin que éste explique para qué, ocultando sus propósitos ante las iniciativas de control parlamentario, y vulnerando la ley de Transparencia.

Volvamos al caso del complot con el PNV.  Mal llamados socialistas, pues hacen el caldo de cultivo a los poderes transnacionales que se van a comer España con patatas fritas, han hecho otra vez, como no podía ser de otra manera, manitas con el PNV para repartirse la tarta, de forma impresentable, y favoreciendo las dinámicas de voladura de lo poco que queda ya de España en España. Van a pactar un Estatuto de Nación Vasca. Oyen ustedes bien, de NACIÓN. Da lo mismo, como si pactaran de independencia, ¡qué más les da a estos que traicionan el rojo de sus banderas! Y tampoco les importa apoyar la exclusión del español y de los hispanohablantes de todas las convocatorias municipales en una ciudad que era cosmopolita y abierta al mundo, San Sebastián, en una agresión más a los derechos y libertades constitucionales de los ciudadanos, que es para quienes se promulgó la Constitución, o eso creía yo hasta no hace mucho. El artículo 14 de la Constitución que preserva la igualdad de todos los españoles solo sirve para quitarse los mocos.

 

Porque no nos equivoquemos. El PSOE es tan enemigo o más de España que el PNV.

 El objetivo es trocear más aún lo poco que queda de Nación Española, dejando el Estado en una mera nomenclatura. Porque quienes en el siglo XVIII pergeñaron la destrucción del Imperio español, la fragmentación de la Hispanidad, para dejarla a merced de la voracidad inglesa, dan el último paso, de la mano, otra vez, de la masonería internacional a la que pertenece la española, para da el hachazo final a lo que queda de España, que es nada.

Y mientras los españoles no lo veamos, no lo sintamos en nuestras carnes, que quedan solamente días para que lo suframos de verdad, las cosas no tendrán remedio, pues el grado de hipnotización colectiva nos habrá dejado ciegos y sin sensibilidad para sentir nada. Seremos simplemente clones a merced de las consignas de conducta que nos dicten, como seres zombis que van a la orden de mando.