En el mátrix progre, lugar en el que vivimos en justo castigo por lo mal que votamos cuando nos abren las urnas, la verdad no existe y la realidad es deformada groseramente ante nuestras propias narices, en la certeza de que ya no protestaremos, porque simplemente no somos capaces de reconocer la propia realidad. Esta generación de humanos que ha sido sometida vilmente por la plutocracia mundial durante la pandemia, "aceptando pulpo como animal de compañía" y renunciando a sus más elementales derechos, ya no es capaz de diferenciar el Bien del Mal, ni lo bueno de lo malo, ni la belleza de la fealdad. El metaverso hace mucho tiempo que está entre nosotros, porque la versión anterior al metaverso es el relativismo.
 
Pedro Sánchez nos dijo esta semana que el alza de los precios, la inflación del 7´5, la luz a 900 € el Mw/h, la gasolina a más de dos euros, el aceite de girasol agotado en los supermercados, este desastre absoluto que nos asoma al abismo de la pobreza y la miseria para todos los españoles, resulta que es por culpa de Vladimir Putin. Con carácter retroactivo, suponemos. Porque la deriva catastrófica de España, que se inició el 14 de marzo de 2004 con el nefasto Rodríguez Zapatero justo después de los atentados del 11-M, ha tenido con este Gobierno Frankenstein de Sánchez y Podemos su eslabón más terrible. En una espiral que no nos da tregua porque bastante tenemos los españoles con aguantar el día a día, poder sobrevivir en estas condiciones angustiosas y sacar a sus familias adelante, o al menos intentarlo.
 
Pero como la izquierda marxista nació para manipular a los hombres, y no hay mentira política que no haya salido del laboratorio izquierdista, Sánchez y los suyos se las han apañado para demonizar a los que no piensan como ellos, haciéndoles culpables de los males que el socialismo nos ha traído. Durante muchos años fue Francisco Franco, cuyo cadáver fue profanado por esta secta, después fue la derecha rancia del Partido Popular, durante la etapa de Aznar y de Rajoy, y hoy la izquierda ha decidido estigmatizar a VOX, haciéndole culpable simplemente por existir. Con esa etiqueta pueril de la "extrema derecha", o la ultraderecha, que tan feliz hace a las pobres mentes socialistas. Porque nunca, en ningún sitio ni momento de la historia, ha sido la derecha tan peligrosa, tan criminal, ni tan devastadora como lo ha sido la izquierda, por mucho que ella lo niegue.
 
En Castilla y León, tras las elecciones de hace un mes, por fin se ha constituido el nuevo Gobierno regional, todo el mundo veía como lógico que lo formasen el PP y Vox en clara alineación con el resultado electoral, que dejó a socialistas y comunistas con un palmo de narices. Pero las negociaciones se han alargado mucho tiempo, por el camino surgieron otras posibilidades a cual más loca y desafortunada, y cuando ha llegado el momento de la verdad, la izquierda se ha mesado los cabellos, roto la camisa como Camarón, y echado a los demonios por lo que todos, incluidos ellos, sabían de sobra que iba a suceder. Porque, como les vengo diciendo, lo difícil tras unas elecciones no es el trámite institucional del acto de investidura del nuevo presidente, sino la acción legislativa de gobierno, el día a día.
 
Y por supuesto el acuerdo de gobierno firmado por Fdez. Mañueco con Juan García Gallardo está basado en el simple y puro sentido común. Ese es el elemento principal del decálogo, que pretende parar al menos en Castilla y León el absoluto desastre económico, moral, social e institucional que está suponiendo el Gobierno fake de Pedro Sánchez a nivel nacional. Igual que en Andalucía, igual que en Madrid, que en Murcia, los primeros ensayos de entendimiento de populares y voxistas en labores ejecutivas superan con creces las expectativas creadas, con los datos en la mano. Que le pregunten a Isabel Díaz Ayuso, convertida en lideresa nacional de la derecha y principal bastión de Sánchez, y que ha reconocido públicamente el magnífico entendimiento que tiene con Rocío Monasterio, a pesar de las diferencias en varios asuntos.
 
Y es que, como les decía más arriba, el mátrix progre nos aleja de la realidad, pero la realidad es tozuda. Y aunque Sánchez nos diga que el culpable de todo es Putin, como antes lo era Franco, lo que la gente ve es que España camina cada vez a mayor velocidad al precipicio de la miseria con socialistas y comunistas en el poder. ¿Quién les va a pagar el recibo de la luz a final de mes, cuando vengan facturas desorbitadas?, ¿quién les va a llenar el depósito de combustible para poder ir al trabajo, a millones de autónomos que dependen de su modesto utilitario para poder llevar unos euros a casa? Para cuando Sánchez quiera empezar a hacer algo, tendrá a millones de españoles en la ruina. Y la culpa no será de Putin, ni de Franco, ni de VOX.