En la parte dedicada a la oración, el Catecismo Romano (o de Trento, elaborado para enseñanza católica perenne e irreformable, no como lo que puedes leer hoy supuestamente en “el nombre de la Iglesia Católica” incluso desde las instancias aparentemente más elevadas), enseña con maravillosa claridad a la que hoy en día la inmensa mayoría de católicos – y no solamente ellos – no están nada acostumbrados:

Por quiénes se ha de pedir: “…por los enemigos de la Iglesia: para que los infieles reciban la luz de la fe, los idólatras salgan del error de la impiedad, los judíos sean librados de su ceguera, los herejes vuelvan a la Iglesia y a la pureza de la fe, y los cismáticos a la comunión de la Iglesia y de la caridad;”

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[Su arrogancia no tiene límites. Donde se supone que debería estar de rodillas, sigue o de píe, o hasta sentado. Sin embargo, cuando fuera de todo protocolo lava los píes a los no católicos de toda clase, se pone de rodillas. Su “evangelio” es el “evangelio del hombre”. Un globalismo izquierdista barato e insoportable]

Paremos un momento. ¿Qué es lo que tenemos hoy? Mejor dicho, desde que los vientos de la modernidad entraron por las ventanas externas al Concilio Vaticano II. Hoy, por ejemplo, en la cúspide de este desintonizar con el sentir católico, el “ciudadano Bergoglio” – maravillosa y certera expresión que utilizó Santiago Abascal frente a los elogios de Francisco por parte de Pablo Iglesias -, pide a los católicos a rezar con – sí, “con” - herejes, cismáticos, musulmanes, judíos… ¡y hasta miembros de sectas! Literalmente: “Francisco anunció durante el Regina Caeli del domingo que los “creyentes de todas las religiones” deberían unirse el 14 de mayo para rezar y ayunar para pedir el fin de la crisis del coronavirus.” Y más: aceptó la propuesta del Alto Comisionado de la Fraternidad Humana para tal fin. La propuesta en cuestión afirma que cualquiera debería implorar a “Dios, Creador del Todo”, según” las enseñanzas de su religión, fe o secta”.

Mire, Mr. Bergoglio: soy católico, pero no de los suyos. No de los “con”, sino “por” esos y para que Dios les ilumine. Y a ti, de paso. Aunque, si pudiera ser que nos dejes sin tu enemistad y la persecución que sufrimos a diario mediante tus diatribas mundialistas; si pudiera ser eso, me parecería lo mejor, la verdad. Tal vez Dios nos lo conceda.

Y mientras, sufriremos. Y mientras, seguiremos creyendo en las definiciones de Trento – porque queremos ser católicos – porque no se nos da bien, entre otras cosas, asumir que dos dedos y dos dedos no sean cuatro dedos.

Y mucho menos 666.

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