A pesar de todo, amo el mundo en el que vivo. Está en mi naturaleza el querer el lugar y el tiempo que me tocó vivir. La vida es algo milagroso y divino, donde y cuando se manifieste. Hoy ese mundo parece derrumbarse inexorablemente. Cuando aparece por delante una especie de abismo apocalíptico donde todo carece de sentido, es lógico que nos asalte un pesimismo cósmico que lleve a la desesperación, y también a Emil. M. Cioran.

El escritor rumano desenmascaró y dejó en carne viva el absurdo y el vacío de la vida en una sociedad carente de sentido. A los 22 años, en 1933, escribió su primer libro “En las cimas de la desesperación” en su Rumanía natal. Se había licenciado en Filosofía en Bucarest un año antes y llegó a simpatizar con la Guardia de Hierro de Codreanu en los convulsos años 30. Su pensamiento -que se encuentra más allá de la política y las ideologías- ha sido provocador, angustiante, excesivo, irónico y deprimente, y resulta paradójicamente motivante en estos tiempos pandémicos, tal vez más oscuros aún que los vividos por Cioran.

Todo es posible y nada lo es; todo está permitido y nada lo está. Cualquiera que sea la dirección que tomemos, no será mejor que las demás. Realicemos algo o nada, creamos en algo o no, es todo uno, igual que es lo mismo gritar que callarse. Se puede encontrar una justificación a todo, como también ninguna. Todo es a la vez real e irreal, lógico y absurdo, glorioso y anodino. Nada vale más que otra cosa, como tampoco ninguna idea es superior a otra. ¿Por qué entristecernos a causa de nuestra tristeza y regocijarnos a causa de nuestro regocijo? ¿Qué más da que nuestras lágrimas sean lágrimas de placer o de dolor? ¡Amad vuestras desgracias y detestad vuestra felicidad, mezcladlo todo, confundidlo todo! Sed como un copo de nieve bamboleado por el viento o como una flor arrastrada por las olas. Resistid cuando no debáis hacerlo y sed cobardes cuando haya que resistir. ¿Quién sabe? -quizá ganéis con ello... Y, de todas formas, ¿qué importa si, por el contrario, perdéis? ¿Hay realmente algo que ganar o que perder en este mundo? Toda ganancia es una pérdida y toda pérdida una ganancia. ¿Por qué esperar siempre una actitud clara, ideas precisas y palabras sensatas? Siento que debería escupir fuego a guisa de respuesta a todas las preguntas que me han sido hechas o que no me lo han sido”.

El texto se titula “¡Qué más da!” y curiosamente coincide con el lema vitalista de los “Arditi” de Gabriele D’Annunzio, el “Me ne frego”, luego adoptado por el fascismo italiano. Esa actitud de desparpajo, insolencia y temeridad, que puede tomar forma “negativa” o “positiva” según su intencionalidad y contexto, también, curiosamente, coincide con el “I don’t care” del punk neoyorkino de Ramones. El asco frente la decadencia traza curiosos paralelos. En Cioran, en apariencia, a pesar de dejarnos sin esperanza alguna frente a la Nada, su visceralidad actúa paradójicamente, como si fuese un shock eléctrico frente a una parada cardíaca.

En un mundo encarcelado mentalmente, manipulado por una tiranía tecno política en manos de las elites del poder, donde el miedo a lo natural y cotidiano, como el contacto humano, ha desaparecido, Cioran vuelve a darnos una colleja para intentar evitar el suicidio individual y colectivo. Él lo consiguió: “Es evidente que, de no haberme puesto a escribir este libro a los veintiún años, me hubiese suicidado”.

Hoy sentir esa nausea del alma es lógico al ver un mundo de rodillas frente a un virus que ha doblegado la natural revuelta vitalista de los hombres libres. Provoca repugnancia ver como las mayorías se conforman con la dadiva de seudolibertad del carcelero, del secuestrador benevolente que afloja un poco las ataduras para que el prisionero siga con vida acercándole un vaso con agua sucia para beber.

Cioran dijo “Todo es a la vez real e irreal, lógico y absurdo, glorioso y anodino” y agregó “Siento que debería escupir fuego a guisa de respuesta a todas las preguntas que me han sido hechas o que no me lo han sido”. Esa desesperante visión del mundo infernal y que empuja hasta al delirio, quizá nos sirva como un revulsivo frente a la locura irracional que vivimos hoy en tiempos donde todo es relativo, incierto, inhumano e indeseable.

Il Vate” italiano, poeta, escritor, soldado, amante y patriota sin igual, a su manera también dejó su impronta “escupiendo fuego a guisa de respuesta” ante un mundo en decadencia con su “Me ne frego”. Sesenta años después, cuatro gamberros de Nueva York con su rock minimalista al grito de “I don’t care” dieron respuestas a “preguntas que les han sido hechas o que no lo han sido” a una sociedad en definitivo declive.

A pesar de todo y en las cimas de la desesperación, sigo amando el mundo en el que vivo. Está en mi naturaleza, como Emil. M. Cioran, Gabriele D'Annunzio y los Ramones ¡Qué más da!