Cuando la Patria pide ayuda, sólo el pueblo, el ejército y "los reyes de antes" acuden a socorrerla. Digo así "los reyes de antes" para distinguirlos de los floreros con sueldo público en que han devenido las monarquías como la nuestra, donde "el rey reina pero no gobierna", en aclamadísima pero estúpida definición. Porque si "no gobierna", es decir, si no manda ni decide en nada, podrán respetarlo por la memoria de tiempos pasados, pero no por su utilidad presente.
 
Así, se ha vuelto a montar un guirigay por unas palabras malinterpretadas de Isabel Díaz Ayuso a propósito de si Felipe Borbón debe o no firmar los indultos a los presos golpistas de Cataluña. O mejor dicho, si puede o no negarse a hacer aquello a lo que le obliga la Constitución de 1978. Si sería legítima una firma para sancionar un decreto obviamente ilegítimo, porque está viciado de origen. 
 
Finalmente, esa es la cuestión. ¿Un rey debe someterse a cualquier gobierno, a cualquiera, incluso a un gobierno ilegítimo y traidor a la unidad de España? Algunos creemos que no. La monarquía española no solamente es católica en su origen, sino que está íntimamente ligada a la integridad territorial de la nación desde mucho antes de que tuviésemos una Constitución. ¿Es consciente don Felipe VI de la grave responsabilidad que ello supone?
 
Obviamente, no estamos aparentando ser ingenuos ni panolis. Ya vimos lo que le costaba a su padre, el emérito, estampar su borbónica firma en las criminales y genocidas leyes del aborto. Tampoco el monarca actual le hará ascos a estos indultos, repito, ilegítimos. No es una "medida de gracia" otorgada por el gobierno libremente para proteger los derechos de un reo aplastado por una justicia demasiado estricta. Es un pago en especie para seguir en el poder a cualquier precio, incluso violentando el mismo espíritu del indulto. Una vergüenza y un escándalo que Felipe VI no debería tolerar. 
 
Pero ya lo dijo Spengler: "Al final, siempre ha sido un pelotón de soldados el que ha salvado la civilización". Que se lo digan a los peruanos, a punto de ser trampeados por la izquierda, una vez más, mientras la Patria pide auxilio a los militares. "Democracia, democracia", gritan los tontos útiles al Sistema. Pero aquí no. Todos tranquilos. El rey firmará, Sánchez seguirá como dictador demócrata y los españoles continuaremos sembrando de minas nuestro propio futuro. Ciegos y sordos, pero libres para poder enviar la Patria al cadalso de la historia.