Cien supuestos historiadores, encabezados por Preston, Viñas, Álvarez Junco, Casanova, etc., furiosos(como también el gobierno del “Doctor”) por la exclusión de  Largo Caballero y Prieto del callejero de Madrid a iniciativa de VOX, han elaborado lo que pedantemente llaman un “informe técnico” sobre sus admirados políticos. En un ejercicio de desvergüenza intelectual repiten impávidos decenas de tópicos  rebatidos documentadamente desde hace años. 

El fondo de toda su falsedad es este: presentar como demócratas a Prieto y Largo Caballero,  a pesar de que ellos mismos lo niegan una y otra vez. Sobre todo Largo, pero también Prieto, defendían sin tapujos la implantación de un régimen de tipo soviético en España. Por esa razón y no por otros pretextos, ambos  individuos –complicados también en  numerosos actos terroristas y en el fraude de las elecciones del 36–, más  Negrín, entregaron a Stalin el Frente Popular y le habrían entregado España entera si hubieran ganad. Lo hicieron enviando a Moscú el grueso de las reservas de oro españolas, cosa que a destiempo lamentará Largo cuando Stalin le hiciera sentir su dura mano hasta echarlo del poder. Por no extendernos sobre las chekas y el expolio de todo tipo de bienes particulares y del tesoro histórico-artístico del país, sobre los cuales disputaron mafiosamente Prieto y Negrín en el exilio. El Frente Popular fue una alianza de separatistas, sovietizantes y golpistas como Azaña, y solo esta constatación explica la guerra civil y su sentido. Los cien “historiadores”  llaman a todo eso “democracia”. Muy bien, pues ya sabemos qué significa  democracia para ellos.

Puede objetarse que, en todo caso, se trata de opiniones a las que tienen derecho. Cierto, pero cuando esas opiniones han sido discutidas y refutadas, la mínima decencia y honestidad intelectual obliga a mantener un debate público, al que paciente y reiteradamente les he invitado. Esos supuestos historiadores se han negado sistemáticamente a debatir adoptando poses infantiles de “superioridad académica”. Lo que no lograban ocultar era y es su convicción de que habrían salido malparados de tal confrontación. Y por eso, junto con un gobierno también admirador de las chekas y los expolios, han tenido que ir más allá, imponiendo la ley totalitaria de memoria histórica. La cual quieren empeorar ahora precisamente en plan soviético: ahí está la prueba del algodón tanto de su “democracia” como de su rigor intelectual. 

Por eso les he llamado golfos, pues realmente no son otra cosa: gente que ha construido su falsa reputación sobre el “Himalaya de falsedades” que ya denunciaba Besteiro, un raro socialista honesto. Sobre lo que Julián Marías señaló como “mentira profesionalizada”. Es comprensible que a estas alturas tengan que defender con uñas y dientes sus embustes, amparándose en el poder público,  pues sus carreras quedarían echadas a perder. Estos sujetos deshonran la universidad, deshonran la labor intelectual, deshonran la democracia. Vienen a ser una especie de cheka cultural, necesitada del particular “muro de Berlín” de aquella ley.

Addenda: Personalmente he puesto en evidencia a los citados al principio y a muchos más,   demostrando sus falsificaciones. Si ustedes pinchan en internet mi nombre y el de bastantes de los “técnicos” firmantes, podrán hacerse una idea del fondo de la cuestión. Ruego a mis lectores la máxima difusión de este comunicado, sobre todo en una universidad que no debe aceptar la degradación presente.